jueves, 2 de mayo de 2013

Capítulo 77: El bautizo


*David*
Me desperté abrazado a Raquel, desde que se había venido a vivir conmigo unos meses atrás, siempre me despertaba así y me encantaba.

Se removió un poco quedando cara a cara conmigo, no pude resistirlo y le di un pequeño beso en los labios. La quería más de lo que jamás me había planteado que llegaría a querer a alguien.
-Umm-se removió abriendo un poco los ojos.
-Buenos días, preciosa-le sonreí y le di otro pequeño beso.
-Buenos días-me sonrió-.¿Cuánto llevas despierto?
-Casi nada-respondí empezando a darle besos por la mejilla y el cuello.
-¿Y por qué no me has despertado antes?
-Porque se te veía tan tranquila y perfecta que me daba pena despertar a mi bella durmiente-respondí.
-Te quiero-dijo antes de besarme.
-Y yo a ti-le di otro beso.
Me acomodé encima de ella pero sin dejar caer todo mi peso y cerré los ojos poniendo mi frente contra la suya. ¿Así quería pasar el resto de mi vida? Sí, estar sin Raquel no era una opción disponible para mí.
-Me encanta esta forma de despertarme-dijo acariciándome la mejilla.
-A mí me gustas tú-la besé.
-Te has levantado cariñoso hoy ¿eh?-rió.
-Claro, porque me encanta despertarme y verte a mi lado-respondí.
-Eres un amor-me apretó las mejillas y me dio un pequeño beso.
-Tú eres mi amor-la volví a besar.
Nuestros móviles comenzaron a sonar. Perfecto, se acababan de cargar nuestro momento. Los cogimos y vi que el mío había sonado porque Dani nos había hablado por el grupo de los chicos.
Dani: Necesito que me ayudéis con algo
Álvaro: ¿Qué pasa?
Dani: Estoy preparándole algo a Laura, pero ella no puede saber nada de dónde estoy, adónde voy o qué voy a hacer
Carlos: ¿Dónde estás, a dónde vas y qué vas a hacer?
Dani: Ya os lo contaré, por favor, ayudadme
Blas: Claro, dinos qué tenemos que hacer
Dani: Entretenerla para que no sospeche nada
David: ¿Qué estás maquinando?
Dani: Pronto lo sabréis, por ahora necesito que habléis con las chicas y nadie le diga nada. Os he hablado para que sepáis que no me he vuelto tonto ni voy a dejar a Laura
Álvaro: Vale, ¿cuánto tardarás?
Dani: Espero estar para esta noche allí
Carlos: Sigo preguntándomelo, ¿a dónde vas?
Dani: Ya os contaré. Gracias por el favor :)
Blas: De nada y que te salga bien
David: ¡Suerte!
Dani: Gracias :D
Dejé mi móvil y vi que Raquel aún seguía con el suyo. Me tumbé de lado y esperé a que ella dejara el suyo. Poco después, lo dejó en la mesita de noche y se tumbó también de lado mirándome.
-¿Por dónde íbamos?-preguntó.
-Porque te amo-me acerqué a ella y la besé.
Su móvil volvió a sonar.
-Perdón-se separó de mí y lo cogió.
Después de un momento, lo dejó y volvió a mí. Me besó poniéndose casi encima de mí.
Empezó a darme besos por el cuello mientras yo le acariciaba la espalda por debajo de la camiseta del pijama cuando su... ¡bendito! Móvil volvió a sonar. Levantó la cabeza y me miró mordiéndose el labio inferior y mirándome con arrepentimiento.
-No, definitivamente hoy no nos quieren dejar tener intimidad-dije divertido pero un poco molesto.
-Lo siento pero es que Isa está atacada porque mañana es el bautizo y le falta no sé qué, Laura está mosqueada porque Dani no le responde y Clara y Ainhoa están intentando tranquilizarlas sin éxito-me explicó.
Suspiré, cogí mi móvil y abrí la conversación de WhatsApp con Dani:
David: ¡Háblale a tu novia si no quieres que le dé un síncope pensando que la has dejado, atontao!
Dejé el móvil en la mesita de noche y me volví hacia Raquel para volver a besarla, pero su móvil volvió a sonar.
-Esto ya es cachondeo-me quejé.
Ella rió y cogió el móvil. Yo suspiré, me llevé las manos a la cara y decidí levantarme.
Para ser principios de junio, ya empezaba a hacer calor y eso me gustaba, ya que yo prefería el verano y el buen tiempo al invierno.
Terminé de preparar el desayuno y fui a buscar a Raquel que seguía tumbada en la cama boca abajo con el móvil. Me acerqué y me tumbé sobre ella sin aplastarla.
-Ei-giró la cabeza, me miró y me sonrió.
-Anda, deja eso y vamos a desayunar-le di un beso en el hombro.
-¿Lo has preparado tú?-preguntó sorprendida.
-Pues claro-dije obvio-.Anda, vamos antes de que se enfríe todo.
-Vale, voy a decírselo a las chicas para que dejen de molestar un rato-rió.
-Me parece una buena idea-le di otro beso en el hombro y me levanté.
Cuando casi llegaba a la cocina, se subió a mi espalda dando un salto haciendo que perdiera el equilibrio y que casi nos cayéramos al suelo.
-Oye, casi nos caemos-me quejé riendo.
-Anda quejica, vamos a la cocina que muero de hambre-rió dándome un mordisco en el hombro.
-Auch-me quejé.
-Quejica-me dio un beso en la mejilla.
Llegamos a la cocina, se bajó y desayunamos entre risas y besos. Estuvimos así durante todo el día hasta que por la noche se puso mimosa y yo no me negué a sus mimos, después de haber puesto los móviles en silencio.
Por la mañana me desperté porque escuché movimientos en la habitación. Abrí los ojos y vi a Raquel con su pijama puesto y dando vueltas de un lado a otro cogiendo y dejando cosas.
-¿Qué hora es?-pregunté adormilado.
-Las nueve y media-respondió-.Anda, levántate que hay que estar a las once y media en el hotel para recoger a mis padres.
-Uh-puse una mueca-.No tengo ganas de levantarme.
Cogí la sábana y me tapé hasta arriba.
-Venga flojo-empezó a zarandearme.
Me destapé, tiré de su mano, la tumbé sobre la cama y me puse sobre ella.
-David se nos va a hacer tarde-me dijo mirándome.
-Pero es que yo sin mi beso de los buenos días no me puedo levantar-dije como un niño pequeño.
-Pues haberlo dicho antes-rió y me besó.
-¿Ves? Ahora sí-sonreí, me levanté y la ayudé a levantarse.
Desayunamos y, mientras ella se duchaba, yo recogí la cocina y nuestra habitación. Cuando terminó, entre yo.
Después de afeitarme, fui al dormitorio y allí estaba Raquel bufando.
-¿Qué te pasa?-le pregunté.
-No encuentro la plancha del pelo-suspiró.
-Está en el armario del baño-dije.
-Cierto-se dio con la mano en la frente-.Si no fuera por ti...
-Estarías un poco perdida-reí mientras la abrazaba.
-Pues sí-rió conmigo y me abrazó pasándome los brazos por el cuello.
-Raquel... Me encanta que nos pongamos mimosos y darte mimos, pero si no nos damos prisa, no vamos a llegar. Ya son las once menos cuarto.
-No, ¡mierda!-se separó de mí y echó a correr fuera de la habitación dirección al baño.
Reí negando con la cabeza divertido y empecé a vestirme. Media hora después, ya estábamos listos para ir a buscar a sus padres. Nos montamos en el coche y fuimos hasta el hotel a buscar a sus padres. Nos estaban esperando en la puerta. Nos bajamos, los saludamos y nos volvimos a subir en mi coche quedando mi suegro en el asiento de copiloto y Raquel detrás con su madre. En quince minutos llegamos a la iglesia donde ya estaban Blas, Isa, los padres de Blas, Carlos, Clara, Ainhoa, Álvaro, Dani, Laura, Jesús y Alejandra. Nos saludamos y entramos.
Cuando todo acabó, eran las doce y media por lo que nos repartimos en los coches y nos fuimos a buscar un restaurante al que pudiésemos entrar los dieciséis. Tras varias vueltas encontramos uno en el centro, aparcamos y entramos. Al principio no nos querían atender porque decían que éramos demasiados y que tendríamos que haber avisado, pero yo creo que al final aceptó porque se pensó bien eso de perder a tanta gente de golpe y porque nos reconoció.
Comimos bastante bien y en paz, los padres de Isa y Raquel casi no hicieron comentarios.
Cuando acabamos, mis suegros dijeron de irse ya al hotel, así que Raquel y yo nos despedimos de todos y los fuimos a llevar. Nos bajamos con ellos y empezaron a despedirse de su hija.
Hubo un momento en el que el padre de mi chica se me acercó aprovechando que su mujer estaba hablando con su hija.
-Solo quiero hacerte una pregunta-me dijo y yo lo miré-.¿Tienes buenas intenciones con Raquel?
-Las mejores, Raquel me da todo lo que busco en una chica y sin que yo se lo pida. La amo por cómo es, espontánea y sencilla-respondí-.Sé que no les gusto mucho pero...
-No es que no nos gustes, es que estábamos un poco shockeados aún por la noticia de que Isa iba a ser madre y pensábamos que con Raquel podría pasar lo mismo, pero nos ha demostrado que es una chica madura que sabe lo que quiere y que tiene los pies puestos sobre la tierra-me contó.
-Créame que, más de una vez, he pensado en ir formando una familia con ella e incluso e llegado a decírselo, claro que en broma. Aún somos jóvenes y prefiero disfrutar de ella un poco más para mí solo, tenemos mucho tiempo para empezar a formar nuestra propia familia-dije.
-Eso me parece bien-me sonrió-.Y no me hables de usted, que se note que hay confianza.
-Está bien-le devolví la sonrisa-.Gracias.
-A ti por cuidar de mi hija.
Nos dimos un apretón de manos y después se me acercó mi suegra a darme dos besos. Raquel se despidió de ellos, nos montamos en el coche y nos fuimos a casa.
-¿Qué has estado hablando con mi padre?-me preguntó mientras nos cambiábamos en la habitación.
-De política-mentí.
-¿Política?-me miró extrañada.
-Sí-me encogí de hombros-.¿De qué podríamos estar hablando?
-No sé, pero os he visto muy entretenidos-respondió.
-La política tiene su lado divertido-volví a encogerme de hombros mientras me quitaba el pantalón.
-No sé por qué pero no te creo-me miró entrecerrando los ojos.
-Vale, no hemos hablado de política, sino de fútbol-volví a mentir.
-¿Te estás quedando conmigo?-me miró fijamente.
-Puede-respondí.
-Gracias cariño, yo también te quiero-me miró mal y salió de la habitación.
Reí, me puse un chándal viejo y salí al salón. Al poco rato, salió Raquel y se sentó al otro extremo del sofá.
-¿Por qué tan lejos?-pregunté mirándola.
Se encogió de hombros y miró la tele. Reí, negué con la cabeza y aproveché que tenía los pies encima del sofá y le tiré de uno de ellos para acercarla a mí.
-Ei-se quejó y, en cuanto la solté, volvió a su sitio inicial.
-Pues vale-me encogí de hombros y me acerqué yo a ella-.¿Qué te pasa?
-Nada-respondió sin mirarme.
-¿Estás celosa?-reí.
-Para nada.
-Sí que lo estás-la abracé y le di un beso en la mejilla.
-Piensa lo que quieras-suspiró.
-Vale, he estado hablando con tu padre sobre mujeres-dije.
-¿Mujeres?-me miró curiosa.
-Bueno, en plural no, solo de una-le puse el pelo que le caía suelto de la coleta detrás de la oreja.
-¿De quién?-preguntó curiosa.
-De la mujer de mi vida-respondí-.Me ha preguntado cuáles son mis intenciones contigo, le he dicho que te amo más que a nada, que por nada del mundo quiero hacerte mal, me ha dicho que no es que le cayese mal, sino que no se fiaba por si te pasaba lo mismo que a Isa y hemos quedado como amigos-expliqué.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?-me miró.
-Porque me gusta ver tu cara cuando estás celosa-le sonreí.
-Eres un idiota, ¿lo sabías?
-Sí-asentí-.Y seré más idiota si no consigo que me perdones.
-Te amo-acercó su cara a la mía.
-Te amo más-terminé con la distancia y la besé.
Se acurrucó en mi pecho y nos pusimos a ver la película ¿o era una serie? Bah, no me acuerdo, solo recuerdo que nos quedamos dormidos los dos abrazados en el sofá y nos despertamos alrededor de las dos de la madrugada con un dolor de espalda enorme.

*Carlos*
Sentí que estaba solo, no sabría explicar la sensación exacta, pero era de soledad, una soledad increíble, incluso miedo.
-¡Clara!- la llamé incorporándome de golpe.
-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Carlos?- se incorporó a mi lado y la abracé echándome a llorar- ¿qué pasa? ¿estás bien?- estaba muy preocupada.
-Yo...- dije entrecortadamente- Clara no te vallas... Nunca- conseguí decir.
-No me voy a ir, te lo juro.
Apreté el abrazo.
-¿Qué pasa?- dijo más calmada acariciándome el pelo.
-No se...- dije aún nervioso, aunque en sus brazos me sentía mejorar poco a poco, estar con ella era lo mejor que podía hacer.
-Tranquilo, estoy aquí, y no me voy a ir.
Perdí la noción del tiempo y no se en qué momento me quedé dormido en sus brazos, pero me sentía mucho mejor, a su lado, lo negro era blanco, lo malo se iba, la necesitaba conmigo.
Por la mañana me desperté abrazado a Clara, me sentía triste, pero estaba ella conmigo, ella seguía ahí.
Le di un beso en su preciosa mejilla y me volví a acomodar en la cama, pero mi móvil no me dejó mucho de descanso, ni a Clara tampoco.
Clara se despertó y me miró con su preciosa sonrisa, esa sonrisa que me enamoró y me enamora desde el primer día.
Cogí mi móvil y ella el suyo y comenzamos a hablar por los WhatsApp, ¿qué estaría tramando Dani? Ahora mismo poco me importaba, solo sabía que estaba en un momento difícil y necesitaba a Clara, sentirla conmigo, cerca de mí, por ello dejé el móvil en la mesita de noche, después de ponerlo en silencio y me acerqué a ella, me abracé a ella y cerré los ojos.
Estuvimos un momento así, no quería que se fuese.
-Tengo un examen importante a primera, tengo que irme, pero en cuanto que lo acabe te prometo que vuelvo y me quedaré contigo el resto del día.
¿Se tenía que ir? ¿Por qué hoy? Han habido muchos otros días para los exámenes, ¿por qué justo hoy? No es justo.
Clara se empezó a mover y yo con ella, así se levantó de la cama y yo volví a coger mi móvil para estar distraído y no pensar tanto en que estaba sólo.
Carlos: Hola!!!!
Isa: Hola ^^ 
Carlos: Q tal estas Bella? XD
Isa: Pues con sueño :( Sara es mu mala para  dormir V.V y tu??
Carlos: Pues solito... Clara se va :(
Isa: Pobreshito :(
Carlos: Ya... y nadie esta en wasap.... JUM
Isa: Mu bien... Yo no soy nadie -.-'
Carlos: Ups.... jeje
Isa: ...
Carlos: Bueno, y Blas? que hace?
Isa: Dormir a Sara XD
Carlos: Aaaa me mandas una foto??
Isa: Para que?? jaja ya la tienes mu vista ^^ ademas si quieres verla solo tienes que venir
Carlos: Andaa es mi sobrii y no tengo fotos suyas :(
Isa: Valee    















Carlos: Ohhh esa no quiere dormir jajaja
Isa: Noo pero esa foto es de hace dos o tres días :P 
Carlos: Pues esta monísima jajaja esta loca como tuuu
Isa: Oyee que yo no me quejo de tu personalidad bipolarr 
Carlos: Ui... eso ha dolio...
Isa:  lastima :P
Carlos: No me gusta ese comportamiento, se parece al de Clara.
Isa: Las cosas se pegan ^^
Carlos: Pues eso que no se te pegue jajaja
Isa: Ya se ha dormiooo :D hasta luego rubioooo un besitooo
Carlos: Hasta luegoo Bella un besazoo
Volví a dejar el móvil porque nadie me hablaba, me levanté para desayunar algo, porque Clara había sido muy rápida esta mañana.
Me dirigí, aún en pijama hacia la cocina, me preparé un café y una tostada con nutella, hoy tenía poca hambre, pero algo tendría que comer.
Después de desayunar me duché y me puse ropa cómoda, me puse en el sofá con el ordenador a contestar los tweets de las auryners.
''Cuando volveréis a Ciudad Real??''
''Aun no tenemos fecha fija pero estamos mirándolo :)''
Volví a perder la noción del tiempo y me dormí.
Unas cálidas manos me acariciaron la mejilla y me abrazaron.
-Carlos- me llamó dulcemente-. Carlos, cariño- me volvió a decir con su preciosa voz.
-¿Umm?- contesté moviéndome un poco y mirándola.
-Ven anda, aquí vas a coger una tortícolis increíble- me agarró de la mano y tiró de mí.
-Te echado de menos- dije adormilado.
-Cariño a penas he estado fuera una hora- dijo abrazándome.
-Para mí ha sido mucho- apreté el abrazo.
-¿Sabes una cosa? Me enamoré de un Carlos Loquis y graciosillo, pero cuando le sale la vena romántico y sensible me enamoras aún más.
-Te quiero- la besé- Eres el amor de mi vida y no quiero que te vallas de mi lado por nada.
-No me iré- me sonrió- además aunque quisiera mi corazón no me dejaría.
La besé de nuevo, al separarlo ella me miró pícara.
-Se me acaba de ocurrir algo que seguramente te gustará- me agarró de la mano y me llevó a nuestra habitación.
Me sentó en la cama y ella se puso ante mí a bailar, me hizo bastante gracia.
-Bienvenido al espectáculo señor, apague su móvil y quédese sentado.
Clara cogió mi móvil y estuvo un rato trasteándolo.
Puso música y después comenzó a hacer un streaptis.
Cuando terminó de quitarse la ropa y se quedó tan sólo en ropa interior se acercó a mí, que estaba muerto de la risa y me besó.
-Te amo- me dijo en los labios, yo arqueé una ceja y la miré sonriente.
-¿Tú diciendo pastelosidades? ¿cómo es eso?- sonreí de nuevo  y deposité un pequeño beso en sus labios.
-De vez en cuando no están mal y te amo- sonrió ella más aún.
-Yo también te amo- la besé con más intensidad, pasé mis manos por su cintura y la pegué más a mí, ella me quitó la camiseta y sonrió pícara.
Nos fundimos en uno, como tantas otras veces desde esa primera vez, la amaba y no la iba a dejar ir, jamás.
Desperté y la vi ahí a mi lado, con su cabecita apoyada en mi pecho, estaba profundamente dormida, había pasado ya algún tiempo desde que empecé a sentirme así de mal, y la verdad, seguía así, y ella seguía intentando animarme, era la mejor.
Hoy se bautizaba Sara, y nosotros haríamos acto de presencia.
-Clara, amor, vamos arriba- le di un beso en la frente.
-¿Umm?- me miró entrecerrando los ojos.
-Que ya es la hora de levantarse, tenemos que ir arreglándonos para el bautizo.
-Ala, es verdad...
-Venga- sonreí.
-Voy- dijo levantándose al fin.
-Voy a la ducha ¿vale?- avisé.
-Jo... Para eso me levantas... JUM.
No se que era, pero en este tiempo la había visto diferente, estaba algo cambiada, la veía cada día más guapa, aunque había estado enferma.
Me duché deprisa y después entró Clara, yo preparé el desayuno y desayunamos juntos.
Nos cambiamos entre bromas y risas, se puso un vestido con el que estaba realmente preciosa  y nos dirigimos al lugar del bautizo.
-WOW, estás preciosa- exclamé al ver a Isa y a Sara.
-¿Se lo dices a Sara o a Isa?- dijo Blas divertido.
-Un poco a ambas, madre e hija se parecen- dije.
-Eres un cielo- dijo Isa y me abrazó.
Me dejaron coger a Sara en brazos y la pequeña me sonrió, para ser tan pequeña, ya sabía muchísimo.
Me sentía raro con Sara en brazos, ¿era instinto paternal? ¿quería ser padre? era extraño...
Miré a Clara que sonreía sin parar mirando a la pequeña, era preciosa, ese brillo en sus ojos marrones me hacía sentir tan vivo...
Le dejé a la niña y me embobé mirándola.
-¿Que pasa rubio?- me preguntó Isa trayéndome de nuevo a la tierra.
-¿A mí?- la miré- Nada- sonreí.
-Vamos, Carlos, nos conocemos, ya hay cierta confianza.
-Qué rápido me pillas enana...- suspiré- No se qué me pasa, pero... Desde hace algún tiempo hasta ahora me siento raro... estoy triste... 
-Lo hemos notado todos- dijo sonriéndome de forma acogedora- No te preocupes por Clara, ella jamás te va a dejar, y nosotros no te vamos a dejar solo, y sólo vas a estar ahora menos que nunca...- susurró eso último.
-¿Perdón?
-Nada- se hizo la inocente- Carlos, mira, no pasa nada por sentirse así, yo creo que lo que a ti te pasa es que en un rinconcito de tu subconsciente algo te dice que te falta algo, o alguien, o que alguien viene y tú no lo sabes y que tienes miedo a no conocerle ni poder verle.
-No te entiendo...
-Tío... eres muy lento- dijo sonriendo divertida.
-No me llames lento- le di un pequeño empujón.
-Es que es verdad...- hizo una mueca y negó con la cabeza.
-¡Oye!- me quejé.
-¿Y es mentira?- me miró con los ojos muy abiertos.
-Sí.
-Claro- ironizó- Nunca te das cuenta de nada.
Sara comenzó a llorar e Isa tuvo que acudir a su llamada, aunque Blas no se despegaba de la pequeña, la verdad es que la protegía mucho.
Los demás llegaron, después del bautizo nos fuimos a un restaurante, donde casi nos echan hasta que se dieron cuenta de quienes éramos... Era una ventaja a veces.
Comimos tranquilos, los padre de Isa y Raquel no estaban dando la guerra como ellas decían y los de Blas estaban todo el tiempo con la pequeña o con su hijo y nuera.
Cuando acabamos, nos despedimos y Clara y yo nos fuimos a casa.
Nada más entrar y cerrar, abracé a Clara y empecé a besarla sin perder el tiempo.
-Wow, ¿qué pasa?- rió por mi velocidad.
-Te quiero mucho- la abracé.
-Ya lo se cariño- me contestó.
Empecé a besarle delicadamente el cuello y los labios, la llevé a nuestra habitación y nos volvimos a hacer uno, la verdad es que últimamente ella y yo estábamos más unidos que nunca y más pastelitos a lo David también, pero me gustaba.
Miré a Clara, que dormía apoyando su preciosa cabeza en mi pecho y sonreí, era mía, era mi novia, la quería y siempre sería mía, no dejaría que se marchase, ahora estaba seguro, la amaría por siempre y para siempre.
Me acerqué a su oído y le susurré más en serio que nunca.
-Te amo, quiero que estés a mi lado para siempre, porque te necesito- me volví a acomodar en la almohada y me dormí.
Puede que no me hubiese oído, pero se que ella lo sabía y eso me bastaba para ser feliz.

*Álvaro*
Después de meses entre compras, pintura, cajas y muchísimas cosas más, terminamos de montar nuestro piso, un lugar para compartir con la chica de mi vida.
-¡Por fin!-me tiré en la cama boca arriba.
-¿Por fin? Venga arriba, flojo-rió Ainhoa mirándome.
-¿No te han dicho nunca que estás guapísima despeinada y con un chándal holgado?-pregunté mirándola de arriba abajo.
-Sí, me lo acaba de decir el miembro más tonto de Auryn, ¿te suena?-preguntó divertida dejando su maleta a un lado de la cama.
-No, si me lo describes a lo mejor caigo en quién es-le seguí el juego.
-Pues... Es alto, moreno, tiene unos ojos verdes preciosos y con los que te es fácil quedarte hipnotizada, una barba que me encanta, se peina siempre hacia arriba y hacia delante, raro, pero está guapísimo, tiene una sonrisa encantadora, está bueno, para qué mentir, pero tiene un defecto y es que es el más tonto de todos-rió.
-Con que tonto, ¿no?-me levanté-Pues ahora verás lo que te va a hacer este tonto.
-Primero me tendrás que coger-rió y echó a correr fuera de la habitación.
Empezamos a dar vueltas por el salón cuando tocaron el timbre.
-Esto aún no ha acabado-le advertí divertido mientras iba a abrir la puerta y ella rió.
Al abrir me encontré a una mujer de unos cincuenta años y a un chico de mi edad más o menos.
-Hola-saludé.
-Hola, somos vuestros vecinos-dijo la mujer-.Hemos venido a daros la bienvenida.
-Gracias-sonreí educado-, pasad.
Los dejé pasar y Ainhoa me miró extrañada, a lo que yo me encogí de hombros.
Nos sentamos en los sofás, la señora y su hijo en uno y mi chica y yo en el otro.
-Hemos traído algunas galletas de bienvenida-dijo la señora.
-Gracias-dijimos los dos a la vez.
-Le ofreceríamos algo, pero es que aún tenemos las cosas metidas en las cajas-se excusó Ainhoa.
-No, tranquila. Solo veníamos a deciros que para lo que necesitéis podéis contar con nosotros-dijo la mujer-.Andrés, hijo, diles algo tú también.
-Encantado y espero que nos llevemos bien-dijo mirando a MI chica.
-Eso espero yo también-le lancé una mirada de advertencia y le cogí la mano a Ainhoa.
-Bueno, nosotros ya nos tenemos que ir, que os sea leve ordenando-dijo la mujer, se levantaron y se fueron.
-¿Sabes? Acabo de descubrir algo más de Álvaro Auryn-rió y yo la miré-: ¡Es un celoso!
-Pues yo acabo de descubrir algo de su novia-ella me miró curiosa-: Es una mentirosa.
-¿Yo?-se hizo la sorprendida.
-Sí, porque las cosas ya están fuera de las cajas y ordenadas-le señalé.
-Pero tú no querías tenerles por mucho tiempo aquí ¿o me equivoco?-me miró con una ceja alzada.
-No, no te equivocas y más le vale al vecino mantener a raya sus ojos porque el celoso que llevo dentro va a estar alerta-tiré de ella y la pegué a mí.
-¡Qué tonto eres!-rió sentándose a ahorcajadas sobre mí-Te quiero.
-Yo también te quiero-sonreí y la besé.
-Te tengo una propuesta-dije separándome un poco de ella.
-Dime-se echó contra mí y apoyó su cabeza en mi hombro.
-Yo conozco ya a tus padres y yo les he hablado mucho de ti a los míos, así que quieren conocerte, ¿te gustaría venir conmigo un día de estos a hacerles una visita?-la miré.
-Claro que sí-me sonrió.
-¿No te importa?
-No-negó con la cabeza y levantó la cabeza para mirarme de frente-.Tú fuiste a conocer a los míos y ahora me toca ir a conocer a los tuyos, aunque en realidad sí que me gustaría conocerlos para ver a quién has salido.
-¿Bueno o malo?-pregunté curioso.
-Bueno-me sonrió.
-Pues... No sabría decirte-reí.
-No me importa si te pareces más a tu padre o a tu madre, solo quiero agradecerles por haber tenido un hijo tan dulce, bueno, sencillo, sincero... Tan perfecto para mí-me acarició la mejilla.
-Tú sí que eres perfecta para mí-la besé.
El día del bautizo llegó y nos lo pasamos bastante bien entre nosotros diez, la pequeña y los padres de Isa y los de Blas. Todo salió genial y, sobre las seis, nos despedimos de todos y nos fuimos a nuestra casa.
Aquella noche, tumbados en la cama, me quedé algo pensativo y Ainhoa lo notó.
-Amor-me llamó.
-¿Mm?-la miré.
-¿Te pasa algo? Estás muy pensativo-me miró desde abajo ya que estaba apoyada en mi pecho.
-¿Sabes? Antes, cuando me preguntaban presente o futuro, siempre decía presente, Carpe Diem, aunque de vez en cuando me imaginaba un futuro con los chicos y nuestros auryners, ahora, sigo prefiriendo el presente, prefiero ir viviendo el día a día, planeando algunas cosas para que nada vaya mal, pero si miro al futuro te veo a ti junto a mí y eso me llena de felicidad porque sé que por fin he encontrado a mi otra mitad, la chica que me comprende y apoya en todo y a la que más quiero en el mundo-entrelacé nuestras manos.
-Tú cambiaste mis esquemas por completo porque yo no pensaba tener un futuro con un chico que fuera capaz de dar por mí tanto o más que yo por él ¿pero sabes algo?-la miré curioso-No me arrepiento de nada, porque eres el chico al que más amo en la Tierra.
-¿Me amas?-pregunté con una sonrisa.
-Más que a nada en el mundo-respondió.
-¿Sabes algo?-acerqué mi cara a la suya-Yo también te amo como no pensé amar a nadie.
Sonrió y nos besamos. Aunque aquella noche hicimos algo más que besarnos y nos demostramos cuánto nos amábamos.

*Blas*
Esa mañana me despertaron los llantos de Sara, como pasaba casi siempre desde que había nacido, Isa se iba a levantar, pero yo la detuve, estaba ya demasiado agotada, y la pequeña había comido hacía apenas unos 10 minutos.
-Gracias- me dijo ella sonriendo y cerró los ojos de nuevo mientras yo me levantaba a por mi princesa que no paraba de llorar.
-Ey- dije al mirarla, ella me miró un momento y puso pucheritos, la cogí en brazos con cuidado y le puse la manta encima para que no tuviese frío, empecé a acunarla con cuidado y a cantarle una nana, a la pequeña, desde el principio, parecía encantarle oírnos a Isa o a mí cantar. Isa siempre me decía que ella no cantaba, que se le daba muy mal, que mejor lo hiciese yo o la niña lloraría más, pero a mí me encantaba oírla cantar.
Sara se durmió de nuevo, la acosté en la cuna y yo me tendí al lado de Isa, esta se abrazó a mí y me besó.
-Eres el mejor- me dijo en voz baja.
-Tu si que eres la mejor- le susurré.
Nos dormimos así, estábamos agotados por las largas noches con la pequeña Sara.
La siguiente vez que me desperté, creo que ya eran las 8 de la mañana, Isa estaba de pie, con nuestra pequeña en brazos, me desperté oyéndola cantar, y al verla con nuestra princesa no pude evitar sonreír como los tontos, esa imagen me conmovía.
Sin que se diesen cuenta les saqué una foto y la puse de fondo de pantalla, después solté el móvil y miré a mis chicas, Isa me miraba sonriente y Sara dormía.
Isa acostó a Sara en la cuna y se tendió a mi lado.
-Estoy muerta- dijo.
-Lo sé- dije acariciándole el pelo- es normal.
-Voy a dormir un rato más...- dijo y antes de que yo pudiese decir o hacer nada, ya estaba dormida.
Me levanté y fui al baño, me duché deprisa y después fui de nuevo a la habitación, Isa ya estaba levantada, pero Sara no.
Isa iba a ducharse y yo a preparar el desayuno. Cuando ella entró al baño, Sara comenzó a llorar.
Fui deprisa a por ella y la cogí en brazos.
La acuné un poco y empezó a reír.
-Ah, ¿conque tienes ganas de juego eh?-rió más- Eres un bichito- le hice muecas y la llevé hasta el salón, la puse en el porta-bebés, donde tenía muchos juguetes.
Chiqui no se alejaba de ella ni un segundo.
Preparé el desayuno y escuché a Sara hacer sonidos, intentos de hablar.
Empecé a reír, me acerqué a ella y la volví a  coger en brazos.
-Estás muy espabilada tú ¿o me lo parece a mí?
Ella rió más y yo me conmoví, mi pequeña era la niña más preciosa que jamás podría existir.
Tuve que ir  a su habitación con ella a cambiarle el pañal, después la dejé en el porta-bebés y puse la mesa en el salón a su lado.
Isa bajó cuando yo estaba en la cocina, se me acercó por la espalda y me abrazó.
-¿Estás ocupado?- me dijo besándome en cuello.
-Dejo la bandeja en la mesa y dejaré de estarlo- dije sonriendo.
Sara empezó a reír de nuevo y Chiqui a ladrar, ella había tirado un juguete, el perro se lo había llevado, pero ella lo había vuelto a lanzar.
-Creo que ahora mismo, ambos estamos ocupados- dijo ella.
-Sí, creo que más bien sí...- dije suspirando.
Después de desayunar, Isa empezó a jugar con Sara, y yo me fui a pasear a Chiqui, al volver Isa estaba con el móvil y con Sara, mi móvil también sonó, eran los chicos... era temprano, por lo que, ellos se acaban de levantar.
Sara se durmió y mi novia la llevó a la cuna de su habitación, después bajó y se puso sobre mí.
-Creo que ahora sí tenemos un rato libre- dijo arqueando una ceja de forma pícara.
-Sí, yo creo que sí- dije sonriendo.
Pasé mis manos por su espalda y piernas y ella comenzó a besarme, pasó de mis labios a mi cuello y viceversa.
Por fin teníamos un momento para nosotros y pensábamos aprovecharlo.
Le empecé a quitar la camiseta cuando... Sara comenzó a llorar...
-oh... ¿por qué?- puse un puchero.
-Anda, ya voy yo- dijo ella divertida, aunque un poco molesta como yo, me dio un beso en los labios y subió las escaleras- espérame eh.
-Claro que te esperaré- dije para mí.
Subí para la habitación donde estaba Isa con Sara y vi que me hacía una seña para que me fuese a nuestra habitación.
Sonreí triunfante y fui deprisa por el pasillo hasta llegar.
Al poco ella estaba ahí conmigo para seguir con lo que Sara no nos había dejado acabar.
Comencé, esta vez yo, a besarla, pasé mis manos por su cintura y la pegué a mí, ella pasó sus manos por mi nuca y... Sara lloró de nuevo.
-Voy yo esta vez- dije, tú espérame aquí.
-Sí, señor sí señor- hizo con la mano un gesto y yo reí.
Fui a la habitación de Sara y la cogí en brazos.
-Venga peque, princesa, por favor, mami y yo tenemos cosas que hacer- dije y después me sentí culpable por pensar así- Anda duerme un poquito preciosa.
La pequeña no parecía querer dormir, tardé un poco en conseguirlo, pero al final lo hizo...
Volví a la habitación y me encontré a Isa con el móvil tumbada en la cama, cuando me vio sonrió y dejó el móvil en la mesita de noche.
Yo me tumbé sobre ella y empecé a besarla de nuevo, ella deslizó sus manos por mi espalda y mi pelo, yo pasé mis manos por su cintura y por sus piernas.
Conseguí sacarle la camiseta, ella me sacó la mía... Esta vez parecía que Sara no iba a llorar...
El timbre sonó.
-OH, ¡Venga ya!- exclamé.
Isa comenzó a reír.
-No te pongas así, ¿que le vamos a hacer?- hizo un movimiento con las piernas y nos giró quedando sobre mí, me dio un beso y después se bajó, se puso su camiseta y bajó a abrir.
Me quedé en la cama, tumbado boca arriba, cuando Laura me sobresaltó.
-¿Qué estabais haciendo?- preguntó con los ojos muy abiertos.
-Nada- dije.
-Ven Lau- dijo Isa tirando de ella hacia la habitación de Sara.
Me quedé un segundo tumbado de nuevo, ¿por qué no podía tener un momento con Isa? ¿tan difícil era?
Me levanté al fin, y me percaté de qué, seguía sin camiseta, me la puse y fui a ver que estaban haciendo, no estaban en la habitación de la peque, pero esta última sí estaba dormidita... ¿Por qué ahora? Esto no era justo...
Bajé las escaleras y me encontré a Isa y Lau sentadas en el sofá bebiendo cola-cao y charlando, en voz baja.
-¿Cómo que estáis aquí?- pregunté.
-¿Donde quieres que estemos?- preguntó Isa divertida.
-Pensé que estabais en la habitación de Sara.
-Estábamos, pero Sara está dormida, y no la queríamos despertar, Isa me ha contado lo que os cuesta dormirla- dijo Lau.
-Ah...
Me metí en la cocina, Chiqui estaba allí tumbado, le miré.
-No vale...- puse un puchero a lo que Chiqui me hizo otro gesto- Tu también querías un ratito de paz ¿eh?
Me agaché y lo acaricié.
Lau se fue al rato, Sara no volvió a llorar en toda la tarde, lo que era extraño, tendría sueño.
Me acerqué a Isa y la besé.
-Ya no voy a insistir- dije resentido- cada vez que tenemos un momento, nos interrumpen..- Isa sonrió divertida- seguro que si hago esto- pasé mi mano por su pierna- suena el teléfono.
Entonces....sonó el teléfono fijo.
-Increíble- dijo Isa.
Me estiré hasta el teléfono, sorprendido y lo descolgué.
-¿Diga?
-¿Blas? Hola cariño- era mi madre.
-Hola mamá.
-¿Cómo estáis?
-Bien- dije- ¿y por ahí que tal?
-Bien, oye, cariño, verás, para el bautizo de Sara, que he pensado...
Así hablamos un rato, mi madre cuando quería hablaba mucho.
Por fin nos despedimos y colgué, miré a Isa y sonreí.
-¿Como sabías que sonaría el teléfono?- preguntó ella.
-No lo sabía- dije sincero.
-Pues eres adivino.
-¿A sí?- le miré pícaro.
-Sí- sonrió de la misma forma.
-Entonces adivino lo que va a pasar- arqueé una ceja.
-Eso parece.
Me acerqué a ella y la besé.
-Nadie ni nada nos interrumpirá ahora.
La besé de nuevo y ella paró.
-El problema, es que a Sara le toca comer... - dijo poniendo una mueca.
-Jo- puse un puchero.
-A ver si esta noche, Sara quiere dormir- me besó y ya sí que no nos interrumpen.
Llegó la noche, y Sara parecía no querer dormir.
Nuestra princesa no paraba de reír, le había dado un ataque de risa a las 12 de la noche, por lo que tuvimos que sacarla de la cama y ponerla con nosotros en la cama, donde seguía riendo, pronto Isa y yo estábamos contagiados por la pequeña, por lo que también empezamos a reír con ella, cogí mi móvil de la mesita de noche y nos saqué una foto.
Después vi, que en twitter, las auryners morían por ver a Sara, así que subí la foto y puse:
''¡Fiesta de pijamas con mis princesas!''
Un montón de chicas me retwittearon en seguida y me marcaron como favorito.
Después me fijé mejor en la foto, una vez más, eran mis chicas, mi vida había cambiado desde que ellas estaban conmigo, y aunque fuese un gran cambio, me gustaba que estuviesen ahí.
Le dí a la imagen y me la puse de fondo de pantalla, esta foto había salido realmente bien, me encantaba.
Pasó un poco de tiempo, en el que Isa y yo seguíamos siendo interrumpidos, yo tenía que ir con los chicos a ensayar y demás porque pronto tendríamos la gira de Anti-Héroes, Isa había empezado a estudiar de nuevo, se presentaba a los exámenes en la universidad, como antes de que Sara naciese.
Hoy era el bautizo, y la pequeña seguía dormida aún a las 8 de la mañana, algo extraño.
Me giré hacia Isa, que también estaba despierta.
-Buenos días- la besé.
-Buenos días- me devolvió el beso.
-Ya es hora de levantarse- le dije.
-Sí- dijo ella, se estiró un poco y se levantó, yo hice lo mismo.
Ella se metió en la ducha y mientras tanto yo comencé a preparar el desayuno, Sara permanecía dormida.
Cuando salió Isa de la ducha pude entrar yo, y ya Sara se despertó.
Salí de la ducha y bajé las escaleras para reunirme con mis princesas para desayunar, Chiqui estaba allí también y no paraba.
-¿Crees que ha sido buena idea lo de llamar a mis padres?- preguntó Isa.
-Claro que sí, son los abuelos de Sara, por lo menos ella se merece conocerles.
-Ella sí, pero ellos no- dijo mi novia.
-Tranquila, hoy va a ir todo bien, Sara los conquistará como pasa con todo a los que conoce- dije para animarla, en realidad, me daba un poco de miedo la reacción de mis suegros, la última vez que los vi, se pasaron bastante.
-Bueno, no pueden estar enfadados para siempre ¿no?
-No, y no deben estarlo ya, lo hecho echo está, Sara está aquí, y ya no hay nada que hacer, además, nos ha cambiado la vida para mejor.
-En una cosa sí tienen razón, somos jóvenes- dijo sonriendo.
-Sí, pero no hemos elegido nosotros.
-Nos descuidamos un poquito, y no volverá a pasar- dijo divertida.
-No, no pasará más- nos besamos.
Después de desayunar, nos lavamos los dientes y me tocó pasear a Chiqui, me encontré con varias auryners, que me preguntaron por la gira, por las nuevas canciones, el CD y por Sara.
Entré de nuevo en casa y me encontré a Isa al borde del colapso, estaba muy nerviosa por el bautizo de nuestra princesa, no paraba de mandarle whatsApp a todos.
Conseguí relajarla un poco y después nos cambiamos de ropa, ella se alisó el pelo y se recogió un poco con la peineta que yo le regalé de la rosa blanca.
Me miró sonriente cuando se percató de que yo miraba su pelo.
Salimos de casa y fuimos a recoger a mis padres a la estación, que venían juntos, habían estado en casas diferentes por cuestiones de trabajo de él, pero ya estaba arreglado.
-Hola- saludé al verles y mi madre me abrazó.
-Hola cariño- me dijo, después abracé a mi padre.
Mi madre abrazó a Isa y después mi padre y ella se dieron dos besos.
-¡Ai!- exclamó mi madre al ver a su nieta- Es más preciosa aún de lo que recordaba- dijo y la cogió en brazos.
Mi padre también la sostuvo en brazos un rato y ya nos fuimos a la iglesia o llegaríamos tarde.
Llegaron todos, y llegó el momento.
Dani y Laura cogieron a Sara  y el sacerdote se acercó para echarle el agua a nuestra princesa.
Laura se puso un poco nerviosa, pero lo hicieron genial.
Sara adoraba estar con sus padrinos, los quería cantidad, parecía que sabía que ellos habían estado en su nacimiento y habían ayudado.
Nos fuimos a un restaurante a comer, y entonces, mis suegros, nos llamaron a Isa y a mí.
Nos acercamos a ellos y empezamos a hablar.
-Sé que nos pasamos, lo sentimos, nos asustaba la idea de que nuestra pequeña fuese  madre a esta edad, a penas tiene 20 y tú 21, pero ahora, nos damos cuenta de nuestro error- dijo su padre.
-Vais a ser unos padres increíbles, y creo que os debemos una enorme disculpa, de verdad que lo sentimos, y a tus padres otra- dijo su madre.
-No pasa nada- dije- lo que ha pasado ya, es mejor dejarlo atrás.
-Sara se merece tener abuelos- dijo Isa- Por eso, os perdono, al menos yo, pero, si a la más mínima, veo qué volvéis a poneros en el mismo plan, no volveréis a vernos ni a Sara, ni a mí.
-Tranquila, no volverá a pasar- dijo su padre.
Después de eso, sus padres se acercaron a los míos y les pidieron disculpas.
Nos marchamos a casa, después de un largo día, habíamos quedado otro día en ir a ver a mis padres y otro en ir a ver a los de Isa.
Raquel y David también estarían en una cena que haríamos más adelante, aquí en nuestro piso de madrid para decirles que nos casaríamos, que era otro tema que me asustaba, no el casarme con ella, porque estaba deseándolo, sino el decírselo a nuestros padres.
Nos cambiamos por ropa más cómoda, le pusimos a Sara otra ropa también.
Sara estaba rendida, y después de comer, se durmió.
Chiqui, después de su paseo, se tendió en su cama de la cocina y calló rendido e Isa y yo, nos pusimos a ver la tele un rato.
-¿Y si cuando se despierte Sara nos vamos a dar una vuelta?- preguntó.
-Por mi bien- sonreí.
Ella se acurrucó a mi lado y seguimos viendo un rato más la tele.
-Te quiero- dije.
-Y yo a ti.
Nos levantamos y fuimos a la cocina, porque ya iba siendo la hora de que Sara se despertase.
Preparamos en el bolso, las cosas para salir con Sara en el carrito, y algunas cosas más que nos apetecían a nosotros por si, nos entraban ganas de picar algo.
Sara comenzó a llorar, por lo que Isa subió a por ella, y yo fui a por Chiqui, le coloqué el arnés y a Sara la pusimos en el carrito y salimos a la calle.
Fuimos al parque donde siempre íbamos con Chiqui y estuvimos un rato.
Nos encontramos con un par de auryners muy simpáticas.
-Hola- saludó una de ellas, parecía la más tímida.
-Hola- sonreí y miré a Isa que estaba un poco cortada.
-Oh, ¿esta es tu hija?- preguntó la que parecía la más mayor.
-Sí- contesté.
-Es preciosa- dijo la pequeña.
-Se parece a sus padres.
-Gracias- dijo Isa tímida.
Hablamos un rato con ellas, eran muy simpáticas y nosotros seguimos en el parque, hasta que se hizo un poco más tarde y tuvimos que volver.
Bañamos a Sara y la acostamos en su cuna  de su habitación, ya que aún no era de noche y sólo de noche estaba en la nuestra.
-Menudo día- dijo Isa y se tiró en nuestra cama.
-Pues sí... ha sido agotador- dije imitando su gesto y tirándome a su lado.
Ella se giró hacia mí.
-¿Cómo le vamos a decir a nuestros padres que nos vamos a casar?
-Pues... No se, pero supongo que...- pensé un momento, pero realmente no sabía- no lo sé, lo que sí estoy seguro es que no pueden reaccionar peor que cuando dijimos que estabas embarazada, además, casarnos significará que vamos a estar juntos, que no vamos a separarnos, y que no voy a abandonarte ni tú a mí.
-Yo no lo iba a hacer- dijo ella.
-Ni yo- sonreí- Pero, para los padres, e incluso para nosotros es más seguro a veces decir que estamos casados, ¿no?
-Sí- me abrazó- eres el mejor.
Le acaricié el pelo suavemente.
-Tú si que eres la mejor, y te quiero muchísimo.
Se acercó a mis labios y me besó, empezamos a besarnos lentamente, pero los besos se volvieron más rápidos, finalmente nos unimos en uno, como otras veces, por fin había conseguido estar con ella otra vez, la espera había merecido la pena, había disfrutado más que nunca, apoyé mi cabeza en su pecho.
-Te amo- y me dormí.
Siempre la amaría, estaba seguro de ello, y que ella estaría conmigo ¿como saberlo? Yo siempre querría estar con ella, confiaba en que ella quisiera lo mismo, el matrimonio iba a ser un gran paso, aunque, a su lado, ese gran paso, se convertiría en algo mucho más importante, siempre con ella.

*Dani*
Me desperté y la vi recogiendo algunas cosas de la habitación. No pude evitar sonreír, me encantaba verla concentrada haciendo lo que fuera, me encantaba mirarla.
-Oye, yo también sé mirar-me había pillado-.Y ya que estás despierto, ayúdame, anda.
-No, me apetece más seguir mirándote-sonreí pícaro.
-Cara dura-me tiró una camiseta a la cara.
-No me creo que hayas hecho eso-la miré sorprendido.
-Pues lo he hecho y no me arrepiento-me sacó la lengua-.¿Qué me vas a hacer?
-Ahora verás-me levanté y salí a correr tras ella.
Estuvimos corriendo por toda la casa hasta que Laura pisó agua y se calló de culo al suelo.
-¿Estás bien?-me acerqué a ella.
-No, me duele el pompi-puso una mueca y yo estallé en carcajadas-.Pero no te rías y ayúdame.
-No te lo mereces por haberte metido conmigo-le dije.
-¡Mal novio, mala persona!-exclamó intentando levantarse.
-Anda ven-le tendí las manos para ayudarla.
Nos dimos las manos y tiré de ella hacia arriba y hacia mí para levantarla, cuando estuvo de pie, la pegué a mí pasando nuestras manos aún entrelazadas por su espalda.
-Picona-le robé un pequeño beso.
-Tonto-puso un puchero.
-¿Te duele mucho?-rocé mi nariz con la suya.
-Sí-asintió con cara de pena.
-Pobrecita-seguí abrazándola y la pegué aún más a mí.
-¿Me das un beso para que se me quite?-puso carita de niña pequeña.
Sonreí, le solté las manos y la besé abrazándola por la cintura mientras ella pasaba sus brazos por mi cuello y me acariciaba el pelo. Nos separamos por algo de aire cuando escuchamos su móvil sonar.
-¿Mejor?-pregunté dejándola ir a por su móvil.
Asintió y, antes de que se fuera, le di una palmada en el trasero.
-¡Dani!-gritó y me miró con los ojos abiertos.
-Ups-reí.
-Idiota-me tiró un cojín y salió a correr antes de que dejara de sonar el móvil.
Reí y fui a preparar el desayuno, cuando todo estuvo listo, fui a nuestra habitación y ahí estaba Laura colgando el móvil.
-Vengo en son de paz, ¿puedo pasar?
-¿Tú en son de paz?-me miró desconfiada y divertida-No te lo crees ni tú.
-¡Oye!-me quejé entrando-Que yo puedo ser muy bueno.
-Cuando quieres-rió.
-O cuando estoy cerca de ti-me senté a su lado y le di un beso.
-Creo que ya hablamos sobre esto de los robos de besos ¿no?-dijo divertida.
-No lo recuerdo-me hice el tonto.
-¿No?-me miró pícara-Entonces puedo hacer esto-me besó.
-Ahora empiezo a recordar algo, pero... Uf, me cuesta-me hice el tonto de nuevo.
-Pobrecito-se acercó a mis labios de nuevo-.Pero yo no sé cómo hacerte recordar.
La besé.
-A mí se me ocurre una buena forma-la miré pícaro.
-Ui, ¿qué será?-se hizo la tonta.
Me reí y volví a besarla.
-Te quiero, ¿lo sabías?-la miré a los ojos.
-No, no lo sabía-sonrió pasando sus manos por mi cuello.
-Pues ahora sí, y te quiero mucho-la besé de nuevo.
Mis tripas sonaron, nos separamos riendo y fuimos a la cocina a desayunar. Pasamos todo el día entre mimos, aunque por la tarde salió un momento a comprar algo y yo aproveché para preparar mi mochila por si acaso, la guardé en el coche y cuando ella llegó, hice como si nada. Por la noche, nos pusimos una película y nos quedamos dormidos mientras la veíamos.
Por la mañana, me levanté temprano, a eso de las ocho, me levanté con cuidado, me di una ducha rápida, me vestí y volví a la habitación, donde le di un pequeño beso a Laura y salí de la casa. Me monté en el coche y me puse rumbo a mi destino.
A eso de las diez de la mañana, decidí parar y aproveché para mandarle mensajes a los chicos ignorando un poco a Laura ya que era una sorpresa para ella y no quería que supiera nada. Fue cuando David me mandó que le hablara si no quería que mi pequeña pensara que la había abandonado cuando hice otra parada y la llamé.
-¡Por fin te decides!-exclamó-¿Se puede saber dónde estás?
-No-respondí-.Lo siento, llegaré esta noche.
-Dani, me tienes preocupada ¿a dónde has ido?-dijo seria.
-Pequeña de verdad que no puedo decirte nada, pero te prometo que esta noche estoy allí y te lo explicaré todo-contesté.
-¿Lo prometes?
-Te lo juro-ella suspiró-.¿Qué pasa?
-Me he asustado al levantarme y no verte-respondió.
-Ei, ¿por qué?-pregunté tierno, puede que no fuera buena idea haberme ido.
-No sé, solo me he asustado y sentido mal al no verte-contestó.
-Pequeña... Intentaré estar lo antes que pueda allí contigo ¿vale?
-Sí-susurró.
-Te amo mucho-le dije.
-Yo también te amo-parecía más tranquila.
-Luego nos vemos-me despedí.
-Adiós-colgamos.
 Me volví a poner en marcha y llegué tras un par de horas. Aparqué, me puse delante de la puerta y, tras suspirar, toqué. Me abrió María.
-Hola-me saludó alegre pero un poco extrañada.
-Hola-le devolví la sonrisa.
-¿No has venido con Laura?-me preguntó.
-No, ella no sabe que estoy aquí-respondí.
-Pero pasa-entramos.
-Verá, vengo a hablar con José, ¿se encuentra?
-Sí, está en el patio-respondió-.Un momento que lo llamo.
-Vale, gracias.
Me sonrió y salió fuera. Mis nervios comenzaron a aumentar, pero nada me echaría hacia atrás, estaba decidido y de ese día no pasaba.
-Hola-dijo mi suegro entrando al salón.
-Hola-nos dimos la mano-.Verá, quisiera hablar con usted.
-Eso me ha dicho María, ¿de qué se trata?-hizo una seña para que me sentara y así lo hice.
-De su hija-respondí.
-¿Le ha pasado algo o le has hecho algo?-preguntó mirándome con los ojos entrecerrados.
-No, ella está bien, en Madrid-dije-.No sabe que estoy aquí.
-¿Por qué?-preguntó desconfiado.
-Porque me gustaría que habláramos entre usted y yo solos y que esta conversación quedara entre nosotros.
-Pues tú dirás, te escucho.
-Verá-me aclaré la garganta-, sé que no termino de agradarle y que probablemente preferiría a alguien más para su hija pero quiero decirle que yo a Laura la quiero más que a mi propia vida, al principio, cuando la conocí, yo no pensaba en enamorarme, pero cuando la vi a ella, todo mis planes se vinieron abajo, no porque sea guapa, no. Me enamoró por su dulzura, su sencillez y porque es una chica que prefiere la felicidad de los demás antes que la suya propia-le conté-.A veces me planteo que no la merezco, que podría estar con alguien mejor que yo, pero no la dejo porque Laura hace mucho que dejó de ser parte de mi vida para pasar a ser mi vida y porque me demuestra día a día y sin que yo se lo pida que soy yo con quién ella quiere estar. Por eso estoy aquí, porque me gustaría que nos diera su aprobación para algo que quiero pedirle.
-Dime-asintió un poco sorprendido y casi sin habla.
Se lo conté y se quedó bastante sorprendido, la verdad es que yo me quedaría igual, pero ya no aguantaba más y eso era lo que quería.
Llegué a Madrid y mi casa alrededor de la una de la madrugada, estaba reventado de tanto conducir, pero había merecido la pena.
Al entrar, vi que la tele en el salón estaba encendida, me asomé al sofá y vi a Laura dormida. Sonreí, apagué la tele, la cogí en brazos y la llevé a nuestra habitación, donde la acosté. Me cambié y me tumbé a su lado abrazándola desde atrás, le di un beso en el hombro y, al poco rato, me quedé dormido.
Por la mañana me desperté al notar algo en la cara. Perezosamente abrí los ojos y me encontré a Laura acariciándome la frente a la par que me echaba el pelo hacia un lado.
-Buenos días, pequeña-le sonreí adormilado aún.
-Buenos días-me sonrió y bajó la mano hasta entrelazarla con la mía-.¿A qué hora llegaste anoche?
-A la una o algo así-respondí abrazándola.
-¿Puedo saber ya dónde estuviste?-preguntó sin mirarme.
-En Granada-respondí.
-¿Granada?-me miró con el entrecejo fruncido.
-Ajam-asentí poniendo mi cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro, tenía sueño y quería tenerla cerca de mí después de haber pasado un día entero fuera.
-¿Qué fuiste a hacer allí?-preguntó intrigada.
-Hablar con tu padre-contesté abrazándola por la cintura.
-¿Puedo saber qué hablaste con él?
-Mañana-me aparté un poco de ella.
-¿Por qué mañana?-me miró extrañada.
-Por dos razones, la primera porque quiero prepararte algo para decírtelo todo y segunda porque si no nos damos prisa, no vamos a llegar al bautizo de nuestra ahijada-respondí.
-¿Qué hora es?-preguntó alarmada.
-Las nueve y media-me levanté.
-Porras-se levantó conmigo.
Empezamos a correr por toda la casa, desayunando, duchándonos y arreglándonos a toda pastilla para que nos diera tiempo. Llegamos a las doce menos cuarto a la iglesia y aún faltaban David y Raquel que llegarían con los padres de ella.
Cuando llegaron, entramos a la iglesia y el cura comenzó con el bautizo. Después, nos fuimos a un restaurante a comer los trece juntos y, sobre las seis, nos despedimos para irnos cada uno a nuestra casa.
-Dani-me preguntó Laura una vez en la casa.
-Dime pequeña-la miré.
-Nada, que te quiero-esbozó una pequeña sonrisa.
-Yo también te quiero-le acaricié las mejillas y la besé.
-No sé qué me pasa hoy pero estoy medio ñoña y tonta, ¿me das un poco de amor?-preguntó tímida y con cara de niña.
-Todo el que quiera mi pequeña-volví a besarla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario