jueves, 2 de mayo de 2013
Capítulo 55: Intentaré olvidarte, pero me costará porque tú me enseñaste a amar.
*Isa*
No, no lo iba a aceptar, a Álvaro no podía gustarle Silvia, esa era una arpía que solo quería romper las parejas... NO lo iba a tolerar.
Jesús vino al piso, hacía mucho que no le veía, aunque no es que hubiese cambiado casi nada.
El se puso a tontear con Ainhoa, tal y como Lau había planeado.
-Isa- me saludó.
-Jesús- le sonreí.
-Cuanto tiempo.
-Sí, y por lo que veo sigues como siempre.
-Gracias.
-No era un cumplido- dije arqueando una ceja.
-¿A no?
-No- negué con la cabeza.
-Al final te decidiste por el moreno ¿eh?
-Sí, ¿y tu? ¿te decidiste por alguien?
-Pues, la única vez que me decidí por alguien, la atropellé con un triciclo.
-Buena forma de decir te quiero- ironicé.
-Se te ve feliz con el.
-Lo soy- sonreí.
-No me lo puedo creer- dijo Lau.
-¿El qué?- pregunté.
-Os habéis hecho amigos y todo- sonrió.
-Pues sí- me pasó el brazo por el hombro- Ainhoa, espera bonita- se levantó de golpe y se colocó a su lado- ¿Y si vamos a tomar algo mañana?
-Me encantaría.
Miré a Álvaro, estaba celoso no, celocísimo, que gracioso.
-Creo que ya va siendo hora de irnos- dijo Álvaro, David y el se marcharon, después se fueron Raquel y Ainhoa.
-Yo ya me voy- dijo bostezando Carlos.
-Espera y nos vamos juntos- le dije.
-¿Ya? ¿tan pronto?- me preguntó Blas.
-Sí, ya- le dije mirándole.
-¿Tienes sueño?
-Sí, mucho- bostecé.
-Anda vamos- me dijo riendo.
Nos levantamos, le di dos besos a cada uno de los que estaban aún allí y me acerqué a Jesús para darle dos besos también.
-Recuerda que por la que me decidí es por ti.
-olvídalo, es lo mejor para todos.
-Quizás.
Carlos se acercó a Clara y le dio un largo beso.
-Nos van a dar las uvas- dije.
-Ya voy- se despidió de Lau y los tres nos marchamos.
Cuando los caminos se separaron, abracé a Carlos y le di un beso en la mejilla, aunque dijese que mi mejor amigo era Dani, en realidad, creo que era Carlos, tenía mucha confianza con el, siempre se lo contaba todo y siempre me apoyaba y viceversa.
-Nos vemos mañana Bella.
-No me llames así- le dije con cara de falso enfado.
-¿Por que?
-Porque no soy Bella, soy Isa.
-Pero a mi me gusta llamarte Bella.
-Vale, pues entonces tienes que dejar que te llame Carlitos.
-Vale- sonrió- hasta mañana- se despidió de Blas y de mi otra vez y se marchó.
Subimos al nuevo piso, estaba todo lleno de cajas, y para colmo, ni siquiera habíamos pintado, estaba todo blanco, y era un color bonito, pero estaba desgastado.
Dormimos en la cama de emergencias, como la llamaba yo.
Al día siguiente pintaríamos y ordenaríamos, pero como íbamos a tardar, decidimos quedarnos en el piso de las chicas hasta entonces.
-Ya queda menos- me dijo.
-¿Para que?- le miré.
-Para que el piso esté acabado y vengamos aquí a vivir y para que seamos uno más.
-Sí, cada vez queda menos- le di un beso en los labios. Chiqui se subió en la cama de emergencias y empezó a lamernos la cara.
-Para, para- dije riendo.
-Es verdad, que tienes cosquillas- dijo al acordarse de las inmensas cosquillas que tenía en el cuello, empezó a hacerme cosquillas y yo a reír como nunca.
-Para, para, enserio, me muero- empecé a reír más.
-No no paro- me dijo el riéndose, yo me moví y me puse sobre el a hacerle cosquillas- me muero para- me dijo entre risas.
-¿Ahora que debería hacer yo? tu ibas a dejar que me muriese- dije sonriendo de forma perversa.
-No te iba a dejar morir, habría parado- el seguía riendo mucho.
-Si si, escusas escusas- dije haciéndole más cosquillas.
-Isabella para- dijo riendo, yo paré.
-Vale, pero solo porque mañana tenemos mucho que hacer y te necesito.
-¿Solo por eso?
-Sí- le miré de forma malvada- Es broma, también porque no quiero verte morir de risa ni de ninguna forma- le di un beso y me tendí a su lado.
-Yo tampoco quiero verte mal- me abrazó y me dio un beso en los labios.
-Te quiero- le dije.
-Yo también te quiero- me dijo el.
-¿cuanto?- pregunté.
-¿Cuanto es con toda mi vida?
-Yo también te quiero con toda mi vida y más- le dije y después le abracé.
El apretó el abrazo, estuvimos así unos minutos, hasta que le dije algo que se me pasó por la cabeza.
-¿También te seguiré gustando y me seguirás queriendo cuando tenga un barrigón tan grande como una pelota hinchada?
-No, así te voy a querer mucho más y no parecerás una pelota hinchada- me dice dulce mientras me acaricia la mejilla.
-¿Me vas a querer siempre?
-Siempre me parece poco tiempo.
-¿Entonces hasta cuando me vas a querer?
-Hasta que mi corazón deje de latir, ups me salió a lo crepúsculo- me reí ante aquello.
-Pero eso es muy bonito- le besé- espero que sea verdad, y seas capaz de aguantarme, se que a veces soy la persona más infantil y estúpida del mundo.
-1, me gusta que seas infantil, es muy divertido, y 2, no eres estúpida nunca, eres una loca que es diferente, pero las mejores personas están locas.
-¿Como te puedo querer tanto?- le dije antes de besarle.
-Porque estás loca- me sacó la lengua.
-Pues no soy la única, porque hay que estar muy loco para que te guste una loca- imité su gesto.
-¿Quien dice que yo no esté loco?- arqueó una ceja.
-Nadie- me acomodé apoyando la cabeza en su pecho.
-Tienes las manos heladas- me dijo cuando le toqué.
-Lo se, pero no pasa nada.
-¿Como no va a pasar nada?- me cogió las manos- tienes las manos demasiado frías, ¿te encuentras bien?
-Claro que sí- le dije.
-Haber- me tocó la frente- fiebre no tienes.
-No tengo que tener fiebre por tener las manos frías.
-Lo se- sonrió.
-Anda vamos a dormir de una vez- le dije y nos quedamos dormidos.
Por la mañana me desperté, por culpa de un queridísimo animal que nos empezó a lamer toda la cara a Blas y a mí.
-¡CHIQUI!- grité, el pobre se asustó y se tiró al suelo.
-¿Que ha echo el pobre para que le grites así?- preguntó riendo.
-Lamerme la cara... y a ti también, y tú eres mío- elevé una ceja de forma pícara.
-¿A sí?
-Sí.
-Eso significa que tú, eres toda mía- me agarró de la cintura y caí sobre el, ya que me había sentado al gritarle a Chiqui.
-El bebé va a pensar que tiene unos padres que están como cabras- dijo riendo.
-¿Y no es verdad?.
Empezamos a reír.
-Dejemos las risas que hoy tenemos mucho trabajo- dije.
-WOW, que seriedad, cualquiera diría que eres seria de verdad- se metió conmigo.
-¿Verdad que sí?
Volvimos a reír de nuevo, me levanté, me metí en el baño y me duché, me puse ropa que me quedaba enorme y que era vieja para empezar a pintar un poco la casa.
El hizo lo mismo, preparamos el desayuno y comimos, después nos lavamos los dientes y decidimos empezar pintando nuestra habitación, así, sería lo primero que podríamos decorar y utilizar.
-Esta habitación, será de color...
-¿Celeste clara?- pregunté.
-¿Por qué no?
Empezamos a pintar, el se dio la vuelta y le pinté la camiseta por detrás.
-¡EY!- dijo dándose la vuelta.
-Te la vas a ensuciar igualmente, yo solo adelanto acontecimientos- no me podía creer lo seria que acababa de decir eso.
-Entonces... no te importará que yo también adelante acontecimientos ¿no?- me miró pillo con la brocha en la mano, Chiqui se puso a ladrar y a pegar saltitos.
Yo me puse a correr y Blas me pintó.
-¿Te hace gracia?
-Sí, mucha- empezó a reír.
Llamaron a la puerta y yo fui a abrir, Blas me siguió.
-Hola Lau- sonreí al verla.
-¿Eres Isa o un cubo de pintura con piernas?- empezó a reír.
-Muy graciosa...
-Ho...la?- dijo Dani mirándome- espera... ¿bajo esa pintura esta Isa?
-Sí- dijo Blas colocándose a mi lado.
-Menos mal que hemos venido- dijo Clara- porque si seguís así, no os quedará pintura ni para medio salón...
-¿Bella?
-¿Carlitos?
-que bien pintáis- dijo Jesús.
-Y que lo digas- dijo Ainhoa riendo.
Alvaro puso mala cara.
-Hermanita, deberías ahorrar esas fuerzas para pintar la pared, no a tu novio.
-Sois todos muy graciosos- dije seria.
-Cuñadita, no te enfades que yo te comprendo- me abrazó- ¡NO!- se llenó de pintura y todos reímos.
-Ahora si que me comprendes de verdad- dije y empezamos a reír otra vez.
-¿Habéis venido a reíros o a ayudar?- dijo Blas.
-Ayudar- dijo Carlos.
Pasaron todos y nos pusimos manos a la obra, nos repartimos por la casa, en parejas, excepto Jesús que estaba con Ainhoa y Alvaro.
-Venga, haber, Isa y yo pintamos la habitación, como ya hacíamos- dijo Blas.
-Lau y yo pintamos la habitación del bebé.
-Pintadla de celeste- dije.
-¿También?- me preguntó Blas.
-Sí, y el salón por ejemplo de blanco ¿vale?
-Sí.
-Raquel y yo la cocina- dijo David.
-¿De que color la queréis?- preguntó Raquel.
-Alguno bonito- dije.
-¡ROSA!- dijo Raquel a sabiendas de que odio el rosa.
-¡NO!- dije enfadada.
-Vale, vale, no me comas- dijo Raquel- que aún tengo que cuidar de mi vecino.
-¿Vecino?
-Sí, mi vecina en un mes va a tener un niño y me lo va a dejar para cuidarlo.
-Que bien, ¿no? así nuestro David aprenderá a ser responsable de una vez- dijo Dani.
-Que gracioso...
Empezamos a pintar y Jesús apareció en la habitación.
-¿Que haces aquí?
-Quería saber una cosa...
-¿El qué?- preguntó Blas mirándole esta vez.
-¿que es eso de que un auryn será papá? ¿Dani no habrá dejado embarazada a mi prima?- dijo en tono autoritario.
-No, no es ella- dije.
-¿Entonces? ¿Raquel?- le veía cara de frustración porque me puse seria y Blas también.
-No, ella tampoco...- dije.
-¿Clara y Carlos?
-No, ellas no, yo- dije y Jesús se me quedó mirando.
-¿Estás de broma?- se quedó con los ojos abiertos de par en par.
-No, Jesús, estoy embarazada...
Jesús se dio la vuelta y salió deprisa.
-Será mejor que hables con él- me dijo Blas- se que está enamorado de ti.
-Entonces, ¿no crees que será peor que hable yo con él?
-No, a ti es a la única que oirá, lo se por experiencia,... Cuando te vi en londres con Carlos, no quería oír a nadie... si hubiese hablado contigo habría sido diferente.
-Pero aun así, se te pasó, y hablaste con Lau.
-Anda, no pongas más escusas y ve.
Le sonreí y fui, busqué por la casa, las parejas reían y pintaban, encontré a Jesús en el patio, sentado en una caja, me senté a su lado.
Después de un silencio hablé girándome a el.
-Jesús, yo...
-No, no des escusas...
-No son escusas, escucha, tu y yo no somos nada más que amigos, se que cuesta, pero, lo siento, de verdad, yo... no se que decir...
-No hace falta que digas nada... ¿sabes una cosa?
-Dime.
-Aunque me cueste te olvidaré, haré lo necesario para olvidarte, aunque me cueste, poco a poco comprenderé que jamás estarás conmigo, porque te quiero, y porque tu me enseñaste lo que es amar.
Me quedé mirándole, el se giró y me miró a los ojos, yo le abracé.
Volvimos cada uno a lo nuestro y miré a Blas.
-¿Y bien?
-Dice que me olvidará, y me alegro de ello.
-Ya le toca encontrar a alguien y ser feliz- me abrazó.
-¿Tanto como tu y yo?
-Eso es imposible- reí y me besó.
-Te quiero... tu me has enseñado lo que es querer de verdad, lo que es amar a alguien con todo mi ser.
-Yo también te amo con todo mi ser, y siempre lo haré.
Le besé.
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