jueves, 2 de mayo de 2013
Capítulo 65: ¿Laura?
*Laura*
Habían pasado días desde la quedada en la casa de las afueras, estábamos ya a 22 de diciembre, y yo llevaba tres días sin ver a Dani ni a ninguno de los chicos, estaban bastante liados y creo que la única que veía a Blas era Isa y porque vivían juntos. Estaban preparando las actuaciones que tendrían que hacer en navidad y les tomaba bastante tiempo, al menos ya tenían grabada la actuación que harían en el día 31 en la gala de fin de año, algo menos, pero aún así seguían haciendo cosas en el estudio. Era su sueño y yo no me oponía ni decía nada, es más, me alegraba ver que tenían más cosas que hacer y que los llamaban para que actuaran en distintos sitios, pero eso de estar tanto tiempo separada de Dani... Lo llevaba bastante mal... Lo extrañaba demasiado aunque cada ratito que podía me mandaba un WhatsApp diciéndome que me extrañaba y yo le sonreía al móvil como una auténtica tonta.
Era por la tarde y yo estaba con Clara e Isa en el salón del piso, dejaríamos la mudanza con nuestros chicos para después de navidades, Raquel llegaría un poco más tarde con Ainhoa ya que había ido a recoger al hijo de su vecina porque ese día le tocaba cuidarlo. Tocaron el timbre, fui a abrir.
-Hola-dije alegre.
-Hola-me respondieron las dos.
-Que cosita-dije mirando al pequeño de meses que estaba en el carrito que traía Raquel.
-A que sí-dijo Raquel-.Pues es súper bueno.
-Oh, qué cosita-dijo Clara en cuanto lo vio.
-Mi Sara también será así dentro de unos cuantos meses-dijo Isa embobada con el bebé.
-Y hay que decir que el pequeño David es más tranquilo que el David mayor-dijo Ainhoa y reímos.
-Es un poco crío a veces, pero lo echo de menos-dijo Raquel poniendo un puchero ya todas sentadas en los sofás y el pequeño a un lado de nosotras aún dormido.
-Yo también echo de menos a Carlos-dijo Clara.
-Cuando Blas llega a casa yo ya estoy acostada y se suele ir antes de que me despierte-dijo Isa poniendo un puchero igual al de su hermana.
-¿Tú cómo lo llevas, Lau?-me preguntó Ainhoa y las demás me miraron.
-Os podréis imaginar, lo extraño como a nada, eso de no verlo y solo hablar por WhatsApp y poco tiempo... Se me da fatal-dije seria-.¿Y tú?
-Más o menos, nosotros llevamos poco tiempo así que no estoy como vosotras, pero extraño sus charlas por WhatsApp diarias-respondió.
Un móvil sonó, era el mío.
-¿Sí?
-Laura, cariño-contestaron.
-Dime papá-dije.
-Tienes que venir a Granada-dijo con tono de voz serio y nervioso.
-¿Qué ha pasado?-me levanté porque el bebé había empezado a llorar y no escuchaba.
-Ahora no puedo explicártelo, pero tienes que venir, estoy en el hospital Virgen de las Nieves-me respondió.
-¿Qué te ha pasado?-me alteré.
-A mí nada, de verdad que no te lo puedo explicar por teléfono-me dijo-.Ven en cuanto puedas, ¿vale?
-Sí, ahora mismo salgo para allá-contesté.
-Vale, ten cuidado-me dijo-y avisa a tu primo si puedes, estoy llamándolo pero no me lo coge-colgamos.
Fui corriendo a mi habitación y en una mochila metí cuatro cosas que me podrían servir, el cargador del móvil, mi bolso y salí disparada hacia el salón dónde estaban las chicas mirándome extrañadas.
-Chicas me tengo que ir a Granada ya, mi padre no me ha explicado lo que ha pasado pero tengo prisa-expliqué rápidamente-.Ainhoa, creo que mi primo está con tu hermana, pero no coge el móvil, ¿puedes hablar con ella y si está con mi primo que le diga por favor que me llame?
-Claro-dijo.
-Gracias, adiós chicas-dije abriendo la puerta.
-Ten cuidado y avisa en cuanto llegues-me dijo Isa.
Asentí y cerré la puerta.
Bajé hasta el garaje, me monté en el coche y me fui rumbo a Granada. Estaba muy nerviosa y el camino se me hacía eterno, pero por fin conseguí llegar al hospital. Aparqué donde pude y entré, me quedé en blanco, mi padre no me había dicho nada por lo que saqué el móvil y lo llamé.
-Papá ya estoy en el hospital-dije en cuanto sentí que descolgó.
-Pregunta por tu abuela, aquí te espero en cuidados intensivos-me dijo.
El mundo se me cayó encima. Colgué y antes de poder pensar, ya estaba en el mostrador de recepción.
-Hola, ¿me puede decir dónde está María Sánchez?-pregunté educadamente pero algo nerviosa-Soy su nieta.
-Sí, dame un momento-me dijo la mujer-.Está en cuidados intensivos, la segunda planta a la derecha-me sonrió.
-Gracias-le devolví la sonrisa como pude y me encaminé al ascensor.
Le di varias veces al ascensor pero no llegaba y yo estaba de los nervios.
-Tranquila, por más que le des no va más rápido-dijo una voz de chico divertida a mi espalda.
Era más alto que yo, moreno y con los ojos marrones.
-Lo siento pero es que estoy muy nerviosa-me disculpé.
-Tranquila, yo también llegué el primer día así-me sonrió.
-¿Primer día?-pregunté extrañada.
-Sí, mi hermano lleva internado aquí quince días-respondió.
-Lo siento-dije apenada.
-No importa, ya se está recuperando-dijo-.¿Tú a quién tienes aquí?
-A mi abuela, es la tercera recaída en dos años y está mal del corazón-dije mientras entrábamos al ascensor que por fin había llegado.
-Verás como se recupera-me sonrió tranquilizadoramente-.Por cierto, me llamo Ángel.
-Yo Laura-contesté.
Salimos del ascensor y fuimos por el pasillo juntos pero en silencio, llegué hasta mi padre y, con una despedida rápida con un gesto de la mano, él siguió hacia delante.
-¿Qué ha pasado?-pregunté.
-Le dolía por debajo del pecho y el brazo, así que la traje lo más rápido que pude, está en observación y dicen que puede ser una angina de pecho o un síntoma pre-infarto no lo saben seguro, llevan toda la tarde haciéndole pruebas-me respondió.
No aguanté más y comencé a llorar, mi padre me abrazó y estuvimos así hasta que mi móvil sonó, era Jesús.
-Prima-me saludó alegremente-.¿Qué te ha dado para salir como las locas del piso? Tienes a las chicas asustadas-rió.
Cierto, las chicas... En ese momento no tenía mucha cabeza para nada.
-Jesús, tienes que venir a Granada-dije intentando tranquilizarme.
-¿Qué ha pasado?-preguntó preocupado.
-Es abuela, ha tenido una recaída o eso parece, están haciéndole pruebas-respondí.
-Ahora salgo para allá, ¿mis padres lo saben?-le trasladé la pregunta a mi padre y él asintió.
-Sí, dice mi padre que llamó a tu madre que estarán a punto de llegar-mis tíos vivían en Almería, por eso mi primo se pasaba la vida con mi abuela.
-Vale, esta noche nos vemos-dijo.
-Está bien, ten cuidado-colgamos.
Me senté junto a mi padre y nos pusimos a esperar noticias, pero nadie salía. Poco después, llegaron mis tíos.
-¿Cómo está? ¿Qué tiene?-preguntó mi tío ya que él era el hijo de mi abuela.
-No lo sabemos, estamos esperando a que salga el médico-respondió mi padre.
-¿Cómo estás, cariño?-me dijo mi tía sentándose a mi lado y pasándome la mano por la espalda.
-Mal, no quiero que le pase nada, no quiero que ella también se vaya-lloré más y me abracé a mi tía.
-No, abuela es fuerte, se va a recuperar y volverá a darnos guerra, ya lo verás-me dijo mi tío agachándose para mirarme a los ojos.
Asentí mientras mi padre me frotaba el brazo cariñosamente.
*Raquel*
Ya llegó el día 25, Isa y yo llevábamos desde el 23 en Málaga y ese día vendrían David y Blas con sus padres y, en el caso de David, con su hermana pequeña, Lucía, a casa a cenar para que los consuegros se conocieran.
David me había confesado que su apuesta sería ir a Granada a conocer a sus padres, pero mi madre le chafó un poco el plan.
Esa tarde temprano, mi chico me mandó un mensaje.
David: Nena, ya estamos en Málaga, ¿a qué hora nos pasamos por tu casa?
Raquel: Vale, pues supongo que a eso de las ocho y media o nueve. No muy pronto para que nos dé tiempo de arreglarnos, pero tampoco muy tarde para que mi madre no se desespere xD
David: Jajajaja vale, oye... Estoy nervioso ¿y si no les gusto?
Raquel: Se tendrán que aguantar, quién está contigo soy yo no ellos
David: Eso es bonito, te quiero
Raquel: Yo también te quiero :) Ahora te dejo que si no ayudo a mi madre puede que le dé algo y mi hermana está a su lado y queremos que Sara esté sana y salva, ¿verdad?
David: Verdad jajaja Nos vemos esta noche. Un beso <3
Raquel: Dos para ti ;) <3
Isa y yo nos pusimos a preparar la mesa mientras mi madre cocinaba como una loca y mi padre hacía algo más también, estaba que moría de los nervios...
-¿Cómo ponemos las servilletas?-le pregunté a Isa.
-Raquel... Son servilletas-rió-.¿Qué más da la forma en la que estén colocadas? Son para limpiarse.
-Ya, pero una buena presentación se valora-dije un poco nerviosa mientras hacía figuritas con las servilletas.
Isa se sentó a mi lado, soltó las cosas que llevaba en la mano en la mesa y me cogió mis manos.
-Todo saldrá bien, ya lo verás-me sonrió.
-Eso lo sé, pero estoy muy nerviosa, es la primera vez que voy a ver a los padres de David y no sé que van a pensar de mí o qué voy a decir o qué...-Isa me puso un dedo en los labios para que me callara.
-Tranquila, a ver, es normal que estés nerviosa, yo también lo estoy, mírame llevo dentro a Sara y lleva hoy un día de patadas... Fú... Tampoco sé qué van a pensar de mí los padres de Blas aunque ya me hayan visto antes y mucho menos sé qué voy a decir-sonreímos-pero yo sé que, en cuanto te conozcan un poco, pensarán que su hijo se lleva a una joya.
-Tú si que eres una joya, hermanita-la abracé.
-¿Lo dudabas?-rió.
-Mira tú cómo está hoy la mami-susurré, a mis padres no les hacía demasiada ilusión la idea de un nieto, o más bien, la de que su hija de 19 años tuviera un hijo.
-Qué se le va a hacer, las hormonas hablan por mí-dijo.
-Las hormonas y lo que no son hormonas ¿eh?-sonreí pícara.
-Bueno, vamos que se nos hace tarde y aún tenemos que poner la mesa y decidir cómo vamos a poner las servilletas-la miré mal.
-Tú ríete de mí más... Cómo no estoy nerviosa ya-dije poniendo un puchero y mi hermana rió.
-Lo siento, lo siento no llores, ten-me extendió una servilleta.
-Que graciosa-dije, hice una bola con la servilleta y se la lancé a la cabeza.
-Au...
-No seas quejica que solo es papel-reí.
-No, no ha sido eso, es que creo que Sara quería chutar la bola y... menuda patada me ha dado-reímos las dos.
Dejamos de lado el tema de las servilletas y nos fuimos a por las copas.
-Bien, ¿qué copas usamos?-pregunté.
-A ver, estas son las del champán, estas las del agua y estas las del vino-las fue señalando.
-Mira que experta, las borracheras que tienes que pillar...-reí, me encantaba picar a mi hermanita.
-¡Oye! No te tiro la copa porque eso sí duele-puso una mueca.
-Ahora los cubiertos-dije pasando un pueblo de Isa.
-¿Acabas de pasar de mí?-preguntó sorprendida.
-¿Qué cubiertos prefieres?-volví a pasar de ella.
-¿Hola?-dijo Isa.
-Vale, elijo yo-dije cogiendo unos cubiertos de plata que teníamos para ocasiones especiales.
De golpe recibí un bolazo en la nuca, otra servilleta.
-¡Isa!-dije dándome la vuelta.
-Ups perdona, pensé que estabas pasando de mí-rió.
-Eres mala-puse un puchero.
Después de un rato más de bromas y piques, conseguimos poner la mesa.
-¿Ponemos flores?-pregunté.
-¿Para?-preguntó.
-Los detalles se valoran-me encogí de hombros.
-Ah y... ¿de dónde sacamos las flores?-volvió a preguntar.
-Em... ¡Mamá!-mi madre se asomó por la puerta de la cocina-Isa y yo vamos un momento a la tienda, ahora venimos.
-Vale, ya que vais traedme vino blanco para cocinar, por favor-se volvió a meter en la cocina.
Nos pusimos los chaquetones y salimos a la calle.
-¿Sabes? Con el chaquetón no se te ve la barriga-dije mirando a mi hermana.
-¿Sabes?-me imitó-Si no hablas no se sabe que eres tonta.
-Muchas gracias-dije poniendo carita de perro abandonado.
-Que era broma, si yo te quiero-me abrazó de lado.
Compramos unas rosas rojas y el vino para nuestra madre y nos pusimos rumbo a nuestra casa de nuevo. Cuando llegamos, nuestro padre estaba arreglado y nuestra madre terminando de preparar las cosas.
-Anda id a arreglaros-nos mandó mi madre.
Asentimos y fuimos a nuestras habitaciones. Primero se duchó Isa y mientras ella se vestía, fui yo a la ducha. En cuanto terminé, me vestí con un vestido color beige que tenía guardado y unos tacones marrones, me peiné dejando mi pelo liso y me maquillé. Escuché a mi madre subir y entrar al baño, lo que quería decir que estaba todo listo, miré la hora y eran las ocho y cuarto, quince minutos para que David y su familia llegaran junto con Blas y sus padres, que nervios.
Mi móvil sonó, era David.
David: Ya vamos para allá, en media hora nos vemos. Te quiero <3
Raquel: Vale :) Te quiero más <3
Miré mis conversaciones de WhatsApp y vi la de Laura... No nos había llamado, ¿qué habría pasado? Sin pensarlo mucho más, abrí la conversación y le mandé un mensaje.
Raquel: Lau, ¿qué pasa cari? Llevamos sin saber de ti desde que te fuiste del piso, ¿por qué no llamas ni avisas? Contéstame por favor. Te quiero (L)
Después me fijé que no se conectaba desde el día 22, justo el mismo día que se fue. Genial. Abrí una conversación con Jesús, él no se conectaba desde esa mañana, así que le mandé un mensaje a él.
Raquel: Hola, ¿qué ha pasado? Nos tenéis preocupadas y Lau no coge el móvil. Espero una respuesta pronto. Un beso (K)
La puerta de mi habitación se abrió e Isa entró con un vestido celeste, unos tacones a juego y el pelo suelto.
-¿Qué te pasa?-me preguntó.
-He intentando mandarle un mensaje a Lau, pero no se conecta al WhatsApp desde el día que se fue del piso-respondí-, así que le he mandado un mensaje a Jesús que se conectó esta mañana a ver si él si me contesta.
-Lau no contesta ni a las llamadas, le he dejado un montón de mensajes y tampoco me contesta, espero que no sea nada malo-dijo.
-Esperemos que no-suspiré y sonó el timbre.
Nuestros nervios despertaron y bajamos al mismo tiempo que mi madre quien también se había arreglado. Cuando estuvimos todos abajo, mi padre abrió y era David.
-Hola-dijo tímido y yo me acerqué a la puerta.
-Papá, él es David-dije-.Él es mi padre, Rafael y mi madre, Julia.
-Encantado-le dio la mano a mi padre y dos besos a mi madre-.Ella es mi madre, Elisa, mi padre, Manuel, y mi hermana Lucía-.Papá, mamá, ella es Raquel, sus padres y su hermana, Isabella.
Todos nos saludaron, los padres de David me sonrieron y su pequeña hermana de 10-11 años me abrazó, qué mona era y se parecía mucho a mi novio.
Nos fuimos al comedor y el timbre volvió a sonar, esta vez eran Blas y sus padres.
Todos los saludamos, hicimos las presentaciones y nos sentamos a la mesa. Mi móvil sonó, pedí disculpas y me levanté. Sé que era de mala educación, pero podría ser noticias de Laura y en ese momento me interesaba saber algo sobre mi amiga. Entré a la cocina y miré el móvil, era Jesús. Me quedé boquiabierta... Le respondí, guardé el móvil y volví al salón donde nuestros padres entablaron una conversación... Indescriptible...
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