jueves, 2 de mayo de 2013
Capítulo 76: ¿Cómo se lo digo?
*Clara*
Me eché hacia atrás en el sillón de la consulta, ¿lo decía en serio? No podía ser posible... No ahora.
-Señorita Martinez, ¿se encuentra bien?- me miró.
-Em... yo... claro- dije titubeando bastante.
-Debe evitar el estrés, levantar peso, bueno, lo que ya le he estado comentando anteriormente, ¿de acuerdo? es muy importante.
-Sí- intenté sonar firme.
¿Como se lo diría a Carlos?
Me levanté después de hablar con el médico un rato más de lo que debía y no debía hacer, y me fui a casa.
Carlos estaba sentado en el sofá, se había dormido viendo la tele, con el móvil en la mano.
Me senté a su lado y le miré, cogí su móvil y lo coloqué en la mesa, después me fui a la cocina y me puse a hacer el almuerzo.
Unas manos me taparon los ojos y me sobresalté.
-¿Sabes quién soy?- me susurró.
-No- dije divertida e irónica.
-Me conoces demasiado- me besó el cuello.
-Sí, por eso... te advierto de que como no me sueltes quemo la cocina...
-¿Qué?
-Carlos... estoy en los fuegos con las manos en una sarten y tú me has tapado los ojos... no veo... voy a incendiar la cocina.
El me destapó los ojos y reí.
-Esta apagado tonto- le di en la nariz con el dedo índice- ya había acabado.
-Mala...- puso un puchero.
-Oye... ¿no te gustaría tener uno más?
-¿Como?- me miró interrogante.
-Pues... como Isa y Blas...- me quedé cortada.
-¿Un perro?, pues no estaría mal- sonrió nervioso.
-No, no un perro...
-¿Un... bebé?- se quedó muy pálido- ¿No crees que somos un poquito jóvenes?
-Sí, lo se, era solo un cable que se me ha cruzado...
Me dio un beso en la mejilla.
-Pero eso no significa que más adelante no quiera tener uno contigo- me susurró.
Me ayudó a poner la mesa y a acabar de hacer el almuerzo, después de comer fuimos a casa de Blas e Isa.
Todos tenían grandes noticias,... Carlos y yo... también, pero ni él lo sabía aún.
Llegamos después de una gran tarde, a casa, la verdad es que no sabía como decírselo a Carlos, me daba miedo, mucho, no sabía como reaccionaría...
Lo mejor era hablar con las chicas, ellas me aconsejarían mejor que nadie y me darían consejo... son mis amigas.
-¿En qué piensas?- me preguntó Carlos sacándome de mi mundo.
-En nada interesante- dije volviendo la mirada.
-¿A no?- sonrió pillo y se puso frente a mí- cuando giras la mirada es por algo.
-No- dije terca.
-Pues... Solo me dejas una opción...- dijo muy serio.
-¡No!- exclamé, se perfectamente a qué se refería.
-Oh, claro que sí.
Se acercó a mí y empezó a hacerme cosquillas sin parar en mis puntos débiles, él me conocía muy bien y sabía cuales eran esos sitios que me hacían llorar de la risa.
-¡Carlos!- dije en voz alta.
-¿Me lo vas a contar?- paró un segundo, negué con la cabeza.
-No hay nada que contar- mentí... No me gustaba mentirle, pero... No sabía como decirle esto.
-Te conozco...- me miró pillo de nuevo- así que tú te lo has buscado- sonrió.
Comenzó a hacerme cosquillas de nuevo y yo a reír sin parar, esto no debía ser bueno...
Mi móvil sonó y él paró.
Agarré mi teléfono y vi que era Javier.
-Hola Javi- dije nada más contestar.
-¡Clara! Cariño hola- dijo alegre- ¿Como va todo?
-Muy bien, ¿y a ti?
-¡Genial! Querida, tengo que contarte tantas cosas a ti y a las chicas... uf...- reí, era tan... increíble y tan genial, se hacía de querer- preciosa, ¿cuando podemos quedar?
-¿Como? Espera... ¿Donde estás?
-En madrid cariño, estoy con Mario aquí.
-¡Eso es genial!- exclamé y Carlos me miró sorprendido.
Una idea me cruzó la cabeza...
-¿Tenéis planes para esta noche?- pregunté.
-De momento no cariño.
-Pues genial, porque ya los tienes, ahora por whatsApp te paso la dirección del apartamento de Carlos y mío y os venís a cenar ¿vale?
-Eres un cielo, pero... ¿al rubio que le parece?
-Al rubio no le importa- le miré son riendo y Carlos me miró sorprendido por lo que acababa de hacer- Os esperamos para cenar a las 8 ¿vale?
-Muchas gracias amor, un besazo, nos vemos a las 8.
-Hasta luego, un beso.
Colgué.
Carlos me miraba sorprendido aún y yo no pude evitar reír.
-¿Qué?- dije.
-No, nada... solo que acabas de invitar a cenar a dos amigos sin consultarme...- puso un puchero.
-Estabas aquí, haber dicho que no- me encogí de hombros- ahora vamos que tenemos cosas que hacer.
-Vamos...- dijo resentido- ¿qué vamos a hacer de cenar?
-Pues... vamos a ver que hay- sonreí.
Le mandé la dirección a mi amigo por whatsApp, también le dejé bien claro a mi amigo que era una cena en mi casa entre cuatro amigos, que no tenían por qué arreglarse, y Carlos y yo fuimos a comprar las cosas para la cena, ya que la casa estaba vacía, después de llegar a casa, limpiamos un poco y nos pusimos a cocinar porque ya era tarde.
-MM que bien huele- dije mirado lo que cocinaba.
-Oler huele de escándalo... pero a saber como sabe...- dijo mirando de lado.
-Como sepa bien ya puedes ir cogiéndole cariño a la cocina, porque te va a tocar cocinar siempre.
-Tu cocinas muy bien y yo no te obligo a cocinar-puso un puchero.
-No, pero me toca igualmente, porque dices que no sabes y eso juega en tu favor.
-Más o menos, porque a veces te da la vena vaga y tenemos que pedir la cena.
-Ah, pues se siente-. Me encogí de hombros y él me miró con la boca abierta.
La puerta sonó por lo que salí de la cocina deprisa y abrí.
Unos brazos me rodearon y me alzaron en el aire.
-¡Clara!- siguió abrazándome.
-¡Javi!- reí.
Por fin me soltó en el suelo y me dio un beso en la mejilla al que yo le correspondí con otro.
-Hola Mario- le di dos besos.
-Hola- sonrió- Hemos traído un poco de vino- dijo extendiendo una botella.
-Muchas gracias, no teníais por qué.- sonreí.
-¿Donde está el rubio?- preguntó Javi.
-En la cocina atareado.
-Uii que aparte de cantar bien y estar bueno, ¡cocina! Cariño, esto tiene que ser vida.
-Sí- reí- pero es un perezoso, cocina muy poco porque pone la escusa de que no sabe, pero es mentira- dije.
Javier y Mario rieron y les acompañé a la cocina a saludar a Carlos.
Entramos en la cocina y mi novio se volvió a saludar.
-¡Hombre!- dijo Mario, esos dos se habían caído bien.
Se dieron la mano y Javier abrazó a Carlos.
-Joer, cariño tienes que decirme que haces para estar tan bien- dijo Javi.
-En realidad nada- dijo Carlos.
-No te miente, se pasa el día ahí tirado- señalé el sofá- con el mando de la tele en la mano- bromeé.
-Pues yo no puedo hacer eso... o cojo diez kilos de golpe- dijo Mario.
Empezamos a reír, los chicos eran realmente divertidos.
La cena ya estaba lista, nos sentamos en la mesa mientras Carlos nos traía las cosas.
-Carita, querida, ¿te encuentras bien?- me preguntó Javier.
-¿Yo?- me volví hacia él.
-No, es que el segundo nombre de Mario es Clara... ¡Pues claro!
-Me conoces demasiado...- dije.
-Y bien que sí, como si te hubiera parido.
-Exagerado- reí.
-Vamos, ¿qué te pasa?
Le miré a los ojos, esos ojos que me transmitían seguridad desde siempre, decidí que a él sí podía contarle esto.
-Verás... es que...- Carlos salió de la cocina, me giré alterada al oírle- Después te lo digo- le susurré a Javi, que me miraba sorprendido por mi reacción.
-Umm, que bien huele- dijo Mario.
-Espero que os guste el sabor tanto como el olor- dijo Carlos.
Nos sirvió y comenzamos a comer.
Después de una agradable velada, entre risas y más risas, Carlos, con la ayuda de Mario, empezaron a recoger la mesa.
-¿Qué demonios te pasa, querida?- me habló en voz baja.
-Verás...- le confesé todo lo que me habían dicho los médicos, mi preocupación de como decírselo a Carlos y a los demás, eran mi familia, y no sabía como reaccionarían, todo se me venía encima.
-Pero cariño- me dijo comprensivo.-No debes temer a la reacción de Carlos, ni a ninguna reacción, esta es una gran noticia, quizá algo precipitada, pero es algo precioso.
-Oh, Javi, no se que hacer, de verdad, no se como decírselo a Carlos- dije al borde de llorar, estaba muy nerviosa.
-Solo debes ser sincera, como ahora conmigo que me has contado lo que te pasa y por qué estás así- me acarició la mejilla sonriendo.
-Gracias- sonreí y me tiré, literalmente a sus brazos.
-¿Qué está pasando aquí?- preguntó Carlos divertido desde la puerta de la cocina.
-Javi, no te me vuelvas ahora hetero- dijo Mario divertido también.
-Cari, ¿me ves con pinta de hetero?- dijo sonriendo.
-El único que te ha visto así es él- señalé a Carlos- Por celos no fue capaz de ver el plumón que tienes- reí y Carlos se puso rojo.
-Me declaro culpable, soy demasiado gay.
-Eso no es malo, eres un amor- le dije riendo.
-UIII, tú tienes que estar muy enferma para usar palabras como 'amor'- dijo Carlos riendo.
Me crucé de brazos fingiendo estar indignada y ellos rieron.
Al día siguiente quedé con las chicas para una mañana de chicas, no tenía universidad hoy, y las demás tampoco.
Quedamos en casa de Isa por no mover demasiado a Sara, ya que se la tendría que llevar allá donde fuese.
-Hola- saludé al abrir la puerta, que estaba entornada.
-¡Clara!- me dijo Isa riendo y me abrazó.
-¡Peque! que loca estás- reí.
Lau se unió al abrazo, parecía que ellas dos sabían que lo necesitaba, después nos sentamos en el sofá, donde Raquel y Ainhoa estaban sonrientes.
-¿Donde está la princesa?- pregunté.
-Con su papi en el cuarto- contestó Isa.
-Blas no nos deja a la princesa- dijo Raquel poniendo un puchero.
-Y nosotras queríamos tenerla en brazos un ratito- dijo Ainhoa.
-Os aguantáis- dijo Isa encogiéndose de hombros.
-¡JO!- suspiró Raquel a lo bestia.
-¿Por qué se han puesto a echar la siesta ahora? Se acaban de levantar...- dijo Ainhoa.
-¿No estáis mu pavas vosotras dos?- les dijo Lau.
-¡NO!- dijeron a la vez.
Todas comenzamos a reír.
-Por no estar, no está ni el perro.
-Yo creo que Isa ha tenido a la bebé solo para ellos- dije poniendo un puchero.
-Y Chiqui no quiere ni que nos acerquemos un poquito- dijo Lau uniéndose al puchero.
-Para algo es mi hija- dijo Isa.
-¡Agoniosa!- le gritamos las cuatro a la vez.
Escuchamos a Sara llorar e Isa fue a la habitación a ver que pasaba, después de un momento Blas salió al salón.
-No arméis tanto jaleo que mi princesita tiene que dormir- nos riñó.
-Ai, que tonti se pone él con su princesita- se burló Lau.
-No te burles- la miró mal.
-Sara ya lleva durmiendo toda la noche...- dije- ¿por qué no nos la dejas un ratito?
-Porque sois muy pesadas y la vais a hacer llorar.
-¡¿Qué?!- reaccionamos las cuatro a la vez.
-¡No somos pesadas!- dijo Raquel.
Isa salió de la habitación con la peque en brazos y con Chiqui detrás, el perro parecía alerta.
-¡La princesa!- dijo Raquel y fue deprisa a por su hermana y su sobrina cuando Chiqui le gruñó.
-Chiqui, shh- le dijo Isa y el perro se sentó, aparentemente tranquilo, aunque se le notaba la tensión.
-WOW, Isa, ha madurado más el perro que tú- dije, ella me miró mal y yo reí.
-Pues ahora no te dejo que la cojas- me dijo ella.
Blas y Chiqui se quedaron muy quietos mirándonos, era muy divertido, parecían dos guardaespaldas.
-¡Yo primen!- dijo Raquel e Isa se dirigió a Lau y a mí.
-Ahora por hablar la ultima- le dijo.
-¡JO!
-Toma- se la dio a Lau.
La pequeña tenía los ojos de Blas clavados, se parecía mucho a sus padres, ahora estaba más guapa que cuando la vimos en el hospital.
Después de pasárnosla de unas a otras, Blas se la llevó y Chiqui les siguió.
-¡No vale!- se quejó Raquel.
-Para cambiar de tema...- dije- Chicas, ¿sabéis quien cenó ayer en mi casa?.- Las miré sonriente.
-¿Quién?- preguntaron.
-Javi- sonreí.
-¿Javi? ¿Nuestro Javi?- preguntó Raquel.
-Sí- sonreí.
-OH- exclamaron Lau e Isa a la vez.
-Yo quiero verle- dijo Isa.
-invitale a cenar-dije.
-O podríamos ir por ahí y así quedamos todos- dijo Lau.
-Y hay algo más...- dije seria.
-¿El qué?
-Veréis... necesito que seáis comprensivas y que sepáis guardar un secreto- asintieron- ayer fui al hospital para ver los resultados de unas pruebas y....
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario