jueves, 2 de mayo de 2013

Capítulo 61: Bajo las estrellas


*Clara*
-¿Qué? ¡Eso no!- me dice con cara de indignación.
-Oh, vamos, no te pongas así, que no es para tanto- me reí.
-¿Que no es para tanto dices?- me mira aún más indignado.
-Deberías ver tu cara- me reí más.
-A mí no me hace gracia...
-A mí sí- le saco la lengua.
-Mala persona...- me mira mal.
-Venga, que era una broma, que no iba en serio- me reí de nuevo.
-Hoy estás tú muy feliz me parece a mí ¿no?
-Que va, solo lo justo y necesario- dije.
-Lo justo y necesario para que yo me enfade y me valla a la cama.
Se dio la vuelta y se metió en la cama, me quedé  mirándole, sin saber que decir o que hacer, ¿que se supone que debería hacer ahora?
Pensé algo, pero quizá  era pasarse demasiado aunque, por una vez que a mi novio le daba por estar sin camiseta... uff, me lo ponía realmente difícil...
Esperé a que se quedase dormido, busqué en mi armario algo que me pudiese servir para lo que necesitaba, vi uno de mis pañuelos favoritos, era amarillo, largo y tenía lunares morados
Fui al escritorio y busqué los rotuladores de colores, bien, los encontré deprisa.
Fui de nuevo donde mi chico dormía y sin hacer demasiado ruido le até una de las manos a la cama, para que no pudiese perseguirme y yo pudiese reírme de él.
Cogí primero el rotulador rojo y me puse a pintarle en el torso cosas, palabras, y demás.
Le puse palabras como: ''Clara lo vale y los demás no'' no me pude resistir y le di un beso en la barriga, fui a pintarle la cara.
-¡Ah!- me agarró por la espalda, se movió y acabó sobre mí.
-Eres una morena tramposa- me besó.
-Y tu un rubio malo- dije poniendo moritos- ahora me enfado y no respiro.
-No, respira, respira- me da en las mejillas y yo empiezo a reír, el se va a girar un poco más y se da cuenta de que está atado- ¿que es esto?- dice levantando la mano.
-NO se...
-¿Y esto?- se mira el cuerpo
-Me aburría, y estabas tan mono...
-Jo, sabes lo blanquito de piel que soy, esto es muy malo para mí, eres mala- se queja- y solo has puesto cosas bonitas de ti...
-Oh, vamos, también te he puesto cosas bonitas, mira...- le señalé algunas frases en las que ponía por ejemplo: ''Te quiero'' ''eres el mejor'' ''mi rubio'' ''el rubio y la morena''
-Anda, si mi morena es cariñosa y todo- aprieta el abrazo.
-me ahogas cariño- aflojó un poco el abrazo.
-Ups- empezamos a reír los dos- Bueno, ¿y qué me vas a pedir por la apuesta?
-Aun me lo tengo que pensar...- dije alzando las cejas.
-¿Te puedo pedir un favor?
-Bueno.
-Desátame por favor- levantó la mano que tenía atada y yo me reí.
-No- dije.
-Atente a las consecuencias- me dijo serio, después empezó a hacerme cosquillas por todas partes.
-¡CARLOS! JAJAJA ¡CARLITOS! - no podía parar de reír.
-¿Me vas a soltar?
-No- dije seria, ¿no se  podía soltar él? a no, que era un nudo fuerte y con una mano no, mi yo interior reía triunfante.
-¿Sabes que significa eso?- me miró pillo.
-Prefiero no saberlo- me tapé la cara con las manos.
-Pues, lo siento señorita Clara, pero ya es tarde- empezó a hacerme cosquillas de nuevo, no podía parar de reír, me iba a ahogar en mi propia risa.
-Vale, me rindo, te desataré...- dije ya con un gran dolor en las costillas, le desataría de verdad, pobrecito, en realidad yo no era tan mala.... ¿o sí?
-No voy a caer, que lo sepas, te tengo sujeta- jo... me había agarrado por la cintura...
Le tuve que desatar de verdad al final, el me agarró con ambas manos y me tiró sobre él, empezó a besarme el cuello.
-Eres mía, solo mía.
-¿Eso significa que tú eres mío?- pregunté con voz de niña pequeña.
Carlos: Pues claro que sí, solo tuyo, para siempre- me besó en la mejilla y después otra vez volvió a los besos por el cuello, se me entrecortaba la respiración entre beso y beso, me encantaba estar con él, pero quería chincharle un poquito más... me volví y le besé en los labios, aproveché que estaba un poco aturdido y salí corriendo por el pasillo.
Empezó a perseguirme y yo a reír.
Llegué al patio y él me abrazó por la espalda.
-¡AH!- pegué un pequeño gritito de niña pequeña, pasar tanto tiempo con Isa me pegaba sus cosas... ella era la de los gritos.
-Eres una tramposa-  me dijo al oído cuando me atrapó- Mi tramposa- dijo cariñoso.
-Y tú eres MI loco- remarqué el mi.
-¿Loco?
-Sí, loco.
-¿Por qué?- me preguntó
-Por  aceptar la apuesta aun sabiendo que ibas a perder- reí.
-Que mala eres morena.
-Sí, soy muy mala, y me encanta serlo-  reí de nuevo.
-Te quiero, ¿lo sabías?- me derretí con esas palabras.
-Claro que lo sabía, ¿y tu sabías que yo a ti también?- me volví y le miré.
-Sí- me besó- aunque me lo pusiste difícil al principio recuerdo...
-Ya sabes como soy...- dije algo cabizbaja.
-Sí, ahora sí, pero antes no, y me sentí muy mal- dijo poniendo  un puchero- ¿como iba a saber que eras así de cortada por dentro?
Clara:  no se...- dije seria.
-Pero, lo que impota es que al final estamos juntos, aquí, los dos- me besó de nuevo- mira- dijo mirando hacia arriba- las estrellas.
-Son preciosas- dije ilusionada.
-No tanto como tú- me dijo al oído- hoy están realmente bonitas, pero, ni tan siquiera viéndose así de bien, se pueden comparar contigo- me sonrojé.
- ¿Que te ha dado? ¿estás bien?- le toqué la frente- no, no tienes fiebre...
-Sí, si que tengo fiebre, la fiebre de Clara, es una enfermedad que se apodera de todos los sentidos, hace que tu mente solo pueda pensar en Clara, tu corazón solo esté donde esté ella, todo tú quiera estar con ella, es la enfermedad más peligrosa del mundo porque si ella no está con él... puede pasar algo muy malo...
-Pues no dejemos que pase nada malo- me dijo, le besé esta vez yo,  fue un beso lento y dulce.
Pocas veces estábamos en plan ñoños, pero, cuando lo estábamos, era todo tan perfecto, parecía un cuento de hadas, no quería separarme de él por nada.
Fuimos a la habitación de nuevo, y nos unimos en uno otra vez, era algo de lo que jamás me cansaría.
Por la mañana, me despertó la luz del sol, ¿por qué estaba la persiana bajada?
Abrí perezosamente los ojos, le miré, estaba aun lleno de palabras y dibujitos, solté una pequeña risita, le besé rapido los labios.
-Buenos días morena- me dice dulce y yo me vuelvo a derretir, aunque no sea de cosas pastelosas, ultimamente estoy muy así...
-Buenos días rubio- le digo de la misma forma.
-¿Como has dormido?
-De maravilla, ¿y tu?
-Mejor que en años- se estiró.
-Me alegro mucho- sonreí.
-Yo también- me besó.
-¿No estamos tu y yo muy kukis ultimamente?- le pregunto.
-sí, y esto ya empieza a ser preocupante, como sigamos así le quitaremos el puesto a Isa y Blas o a Dani y Lau.
-Sí, y yo no quiero ir por ahí siendo ellos- reímos.
Me abraza.
-Pero me gusta escucharte decir te quiero- me dice.
-Te quiero.
-Y yo a ti.

*Alejandra*
¿Por qué quería una cita conmigo? ¿que tengo que le gusta? no tengo nada que le pueda gustar a Jesús. Nada.
-¿En que piensas?- me preguntó mi hermana.
-Ah, pues en lo de ahora después...
-No te preocupes por tu cita con Jesús, irá todo bien- me tranquilizó.
-Pero, ¿que ha visto en mí?- pregunté.
-Oh, mírate, ¿que no podría ver en ti?
-Bueno, lo que tú digas...
-No te preocupes, en serio, todo va a salir genial, él es un chico estupendo.
-Sí, eso lo se, pero, nunca he salido así con un chico...
-¿Así como? ¿a que te refieres?
-De recompensa
-No eres una recompensa por nada, si vas a salir con él es porque has perdido una apuesta y porque quieres en realidad porque también podrías salir corriendo.
-Sí- sonreí.
-Saldrá bien, ya lo verás.
 -Sí- me autoconvencí.
Llamaron a la puerta, ahí estaba mi cita, mi apuesta perdida... me volví a mirar en el espejo, mi pelo nunca iba a obedecerme... Pero al menos hoy parecía cooperar un poco, mi hermana me había ayudado a alisarlo, llevaba un vestido de Raquel de color verde algo pegadito, corto, por encima de las rodillas, con la espalda descubierta, ella tiene mejor figura que yo, por lo que le hemos tenido que hacer algunos apaños, me había dejado unos taconazos enormes de color blanco, a juego con el bolso, para mi gusto iba demasiado arreglada.  Me había pintado los ojos muy bien, parecían más grandes, mis labios estaban coloreados por un brillo rosita.
-¡Alejandra!- me llamó Ainhoa desde el salón.
 -¡Voy !- contesté mientras bajaba las escaleras con cuidado para no caerme.
-WoW- dijo Jesús sorprendido cuando me vio, me sonrojé.
-Bueno, hermanita, nos vemos ya luego, o mañana- susurró esto último, me entraron ganas de matarla, ella sabía como acaban todas mis citas, pero esta no iba a acabar así, no, no quería un chico más a la lista de ''corazones rotos'', sobretodo porque Jesús ni tan siquiera me gustaba de esa forma...
-¿Vamos?- me preguntó Jesús extendiendo el brazo.
-Vamos- sonreí.
-Cuidala ¿vale?- dijo mi hermana.
-Sí, no te preocupes- le dijo a mi hermana pero mirándome a mí sin parar, me sonrojé.
Salimos de allí y nos dirigimos a su coche, era un coche precioso verde.
-Te sienta muy bien ese color- me dijo mirándome muy fijamente.
-Gracias, a ti también te sienta muy bien el color blanco- dije mirándole yo a él.
Me fijé bien en como iba, llevaba el pelo revuelto, una camisa blanca, unos vaqueros oscuros y unos zapatos negros, me encantaba su colonia- ¿a donde me vas a llevar?- le pregunté.
-Eso es una sorpresa, pero espero que te guste la comida italiana- me sonrió de lado- y las estrellas- me miró de manera indescifrable, me puse a sonreír como una estúpida.
-Ambas cosas están muy bien.
Me abrió la puerta del coche y subí, era un perfecto caballero.
Se subió en el asiento de piloto y condujo hasta llegar a un restaurante italiano, aparcamos fuera y entramos al restaurante donde un metre nos guió a una mesa que estaba junto a una enorme ventana.
-Bien señores, ¿que van a tomar?
-¿te apetece un vino?- me preguntó, no soy muy de vinos, pero, por un día no me iba a morir.
-Sí, por favor- Jesús pidió el vino y el camarero se alejó.
Nos quedamos un momento en silencio mirándonos sin parar, ¿que tenían sus ojos que no podía apartar la mirada?
-Alejandra- me dijo.
-¿Sí?
-Dime, ¿estás estudiando o algo?
-Sí, estoy estudiando idioma, por ahora estoy con el inglés, el francés, el alemán, el danés  y el italiano.
-Un montón.
-Sí, se me da bien hablar en otros idiomas, sobretodo en Italiano.
-Entonces acerté escogiendo este restaurante- sonrió alzando una ceja.
-Sí, me encanta el italiano, la comida italiana y todo lo que tenga que ver con italia.
-Entonces tendré que intentar aprender  italiano.
-¿Por qué?
-Porque me fascinas, quiero descubrir todo lo que tenga que ver contigo y me gustaría gustarte, por eso me tendré que plantear la idea de irme a italia para ser un poco más italiano a ver si así te gusto más.
-¿Ya me gustas lo suficiente- me sonrojé, ¿acababa de decir eso de verdad?
- ¿te gusto?- alzó una ceja.
-No, es decir, sí, pero, uf...- suspiré, ¿como podía liarme tanto? 
-¿Te lío?
-Sí, mucho...- le sonrío tímida.
-¿Ahora eres tímida?- me mira fijamente.
-¿no puedo serlo- imito su gesto y él se ríe.
El camarero se acerca a nosotros y pedimos a los minutos nos trae la comida, que está deliciosa.
Después del postre salimos y para mi sorpresa el coche no me lleva a casa, me lleva a un apartamento un poco alejado.
-¿donde...?- no me deja acabar.
- Vamos a mi apartamento, ¿creías que iba a vivir con mi prima de por vida?
-No, pero pensaba que volverías al pueblo.
-no, al final me quedaré una temporada por aquí.
-eso esta bien- le sonreí- ¿como es que no tienes novia?- le pregunté mientras subíamos las escaleras del edificio.
-¿Qué? ¿a que te refieres?
-Que, estás muy bien, no entiendo como no tienes novia...
-Pues... la única chica de la que me enamoré, resultó enamorarse de otro y ahora está a punto de ser madre...- ya lo entendí, Jesús estuvo enamorado de Isa ¿a eso se refería el otro día con lo del triciclo?
-Oh, valla- dije pensativa.
-¿Y tú? tu eres preciosa, divertida, lista, ¿como puedes estar soltera siendo tan increíble?
-Pues... he tenido varios novios... pero... ninguno han acabado bien... ellos solo querían eso...
-Oh...- se quedó cortado.
-No te preocupes, ellos se lo pierden- le acaricié la mejilla, él se sonrojó y yo también.
Nos separamos cortados y Jesús aprovecha para abrir su piso.
-Aun esta algo vacío, pero es bonito, espero que te guste.
Entramos, es bonito, muy bonito, me lo enseña por completo, tiene dos habitaciones, dos baños, una cocina y un salón-comedor.
-Ven- me agarró de la mano- quiero enseñarte lo mejor de vivir en este piso- me llevó por un pasillo hasta llegar a una cristaleda que daba a un patio grandecillo.
Salimos fuera.
-Mira el cielo.
-WOW, hoy si que se ven las estrellas- dije ilusionada como si fuese una niña pequeña.
Se apartó un momento de mí y una música dulce y tranquila.
-¿Bailas?- me extendió la mano.
-Vale- se la di, comenzamos a bailar despacio y lentamente.- Bailas muy bien- le sonreí.
-Tu también, quien lo iba a decir- reí.
-¿Te estás metiendo conmigo?
-Sí, ¿se nota?
-Sí y mucho.
Quizá era por el momento, por la mágia de bailar bajo aquellas estrellas, por aquella música o porque me estaba enamorando, pero me incliné y le besé.

No hay comentarios:

Publicar un comentario