*Laura*
Llegué al pueblo a eso de las nueve de la mañana. Me presenté en casa de
mi abuela, aparqué el coche y toqué en la puerta. Me abrió ella y se llevó las
manos a la boca de la sorpresa.
-¡Mi niña!-dijo abrazándome. La verdad es que necesitaba uno de esos
abrazos.
-Abu-le devolví el abrazo.
-Ven entra, ¿cómo es que has venido?-dijo dejándome pasar-.Puf, que mala
abuela soy, felicidades amor, aunque voy un poco atrasada.
Me volvió a dar otro abrazo, yo no pude evitarlo más y eché a llorar.
-¿Qué te pasa cielo?-preguntó preocupada.
-Abu, ¿te importa si me vengo a vivir aquí contigo?-pregunté tímida.
-¿Cómo me va a importar? Te lo dije en el entierro de abuelo, esta es tu
casa y puedes venir cuantas veces quieras-me dijo con una sonrisa acariciándome
las manos-.Ha pasado algo, ¿verdad?
-Sí, ya sé toda la verdad-dije.
-¿Ya te la han contado?-yo asentí-.Debió ser muy duro para ti mi niña.
¿Cuándo te lo dijeron?
-Ayer-suspiré.
-Seguro que fue la bruja de Elisa.
-No, mi padre me lo contó porque, al parecer, Claudia abrió la boca de
más.
-Esa hermana tuya no puede evitar sentir los celos que siente hacia
ti-dijo seria.
-¿Celos? No creo que sean celos, ella es más alta, más guapa, tiene mejor
cuerpo y a un montón de chicos tras ella aunque la llamen
"doggie"-dije.
-¿Doggie?-se extrañó-¿Qué significa eso?-con una mirada mi abuela lo
entendió a la perfección-.Ah, pues créeme que le pega.
Reí y me abracé a ella, la había echado de menos, no la veía desde
navidades.
-Mira cariño, tu hermana puede ser más alta y tener muchos chicos tras
ella, pero eso no tiene nada que ver con sus celos hacia ti-dijo acariciándome
el pelo.
-¿Entonces?-pregunté.
-Ella te tiene celos porque tu madre dio la vida por ti y porque, tu
misma lo vas a averiguar-se levantó del sofá.
La miré extrañada, se acercó a un mueble, cogió un marco con una foto, se
sentó a mi lado, me miró y me dio el marco.
-¿Y esta foto?-salía una chica en ella.
-Esa chica era tu madre y ahí creo que tenía tu edad más o menos-me
explicó.
-¿Segura que no es una foto mía?-la miré.
-Segura, ¿ahora entiendes los celos de tu hermana?-me preguntó.
-Soy idéntica a mi madre-susurré.
-Sí, por eso te tiene tanta envidia, ella apenas se parece-dijo.
-Lo sé, pero yo tengo la culpa de que mamá ya no esté. Si yo no hubiera
nacido...
-Ei, no digas eso ni en broma-me regañó.
-Pero...
-Nada de pero, si tu madre escogió tenerte a seguir viviendo es por algo
¿no crees? Además, si hubiera abortado, tu madre se hubiera ido igual, esa
enfermedad no tenía cura.
Miré a mi abuela y nos fundimos en otro abrazo. Después de un rato, metí
todas mis cosas en la casa. Por la tarde decidí ir a dar una vuelta obligada
por mi abuela ya que decía que fuera a dar una vuelta que allí no hacía nada.
Fui y por el camino me encontré con un grupo de señoras.
-Hola-las saludé ya que se me quedaron mirando.
-Perdona-dijo una de ellas-¿eres familia de María?
-Sí, soy su nieta-respondí.
-¿Has venido para cuidarla?-preguntó otra.
-Sí-respondí dudosa.
-Es que las enfermedades del corazón son muy malas y hay que tener
cuidado-dijo otra de ellas más para ellas mismas que para mí.
¿Enfermedades del corazón? ¿Es que mi abuela....? No, no podía ser, ella
no se podía ir. No, ella no.
-Sí, pero aún no me ha explicado muy bien lo que tiene y no sé qué
cuidados exactamente tengo que tener con ellas, ¿ustedes lo saben?
-Sí, mira no hace mucho le dio un pequeño infarto, pero se recuperó bien.
Quisimos que llamara a alguien de su familia, pero ella es muy cerrada y no
quiso. Así que no pudimos hacer nada. Es una suerte que hayas venido, está muy
sola desde que murió su marido-dijo.
-Sí.
-¿Y tú de quién eres hija?-preguntó la primera.
-De su hija-respondí.
-Ah, ¿qué fue de Laura? Se fue a Málaga y ya no supimos más de ella-dijo
la tercera.
-Pues murió-respondí.
-Oh, lo siento. ¿Hace mucho?-preguntó la otra. Pues sí que eran
chismosas.
-Sí, hace diecinueve años-respondí-.Lo siento, pero tengo que ir a
comprar unas cosas antes de volver con mi abuela. Adiós.
-Adiós-me dijeron las tres cotorras.
Fui a una fuente que había en una pequeña plaza y me senté en el filo
¿Por qué todo el mundo se empeñaba en ocultarme cosas? Todo en mi vida era una
auténtica porquería, si mi abuela se iba, me iba a quedar sola, muy sola.
-¡SOLITARIA!-gritó una voz que me sonaba.
Miré hacia mi derecha y allí lo vi, a unos metros de mí, con las manos
metidas en los bolsillos y su típica sonrisa de chulito cruzándole toda la
cara.
-¿Tú?-dije extrañada-¿Qué haces aquí?
-Pues ya ves-se acercó a mí y se sentó a mi lado-.He venido a verte.
-¿Cómo has sabido que estaba aquí? ¿No tenías una firma en Valencia
hoy?-estaba preguntando demasiadas cosas, pero es que estaba nerviosa.
-Tranquila, a ver. Estoy aquí por... ¿Adivina quién me ha dicho que
estabas aquí?
-Isa-respondí sin pensar.
-¡Premio! Y la firma de Valencia... Puede esperar-dijo-. ¿Tú cómo estás?
-Hecha una porquería-respondí-. ¿A qué has venido?
-A traerte esto-me dijo dándome un ramo de rosas rojas-y a convencerte de
que te vayas a vivir con Isa y Clara.
-No puedo.
-¿Por qué? Si ya no estás en tu casa, no veo el por qué no-dijo
mirándome.
-Verás Dani, me acabo de enterar de que mi abuela está mala del corazón,
no hace mucho le dio un pequeño infarto y, aunque se recuperó bien, no está del
todo bien y me gustaría quedarme para ayudarla y ver si se recupera. Me dolería
mucho perderla.
-¿Se lo vas a decir a Isa?-preguntó.
-No-respondí-. ¿Te puedo pedir un favor?
-Claro-sonrió.
-Ayúdame a hacer creer que me voy con vosotros-pedí.
-¿Pero no será peor después?-preguntó.
-Puede, pero prefiero hacerlo así-respondí.
-Vale-dijo-.Te hago el favor por la deuda.
-¿La deuda?-pregunté extrañada.
-Sí, tenemos una deuda pendiente-me dijo-.Te hago el favor a cambio de la
deuda.
-No me fío de ti, pero está bien. ¿Cuál es esa deuda?
-La que te dije en el aeropuerto antes de que volvierais-contestó.
-Creo que no me acuerdo-dije dubitativa.
Se acercó a mí.
-Me debes un beso-me susurró muy cerca.
Vi a Isa y Blas, me levanté y corrí a abrazarlos a los dos.
-Quedaos esta noche a dormir y mañana me voy contigo a nuestro nuevo
hogar-dije comenzando con el plan.
Isa me abrazó, se separó de mí y abrazó a Dani.
-Te quiero Dani eres el mejor-empezó a darle besos por toda la cara.
Nosotros nos reímos. Miré a Blas que miraba a Isa.
-¿Ha pasado algo entre vosotros?-pregunté.
-Le he dicho que la quiero y... No me ha contestado, creo que quiere a
Carlos y no a mí-se puso serio.
-No digas eso, Carlos es su amor platónico, dale tiempo y verás cómo se
enamora de ti-le dije sonriéndole-.Pero debes tener paciencia.
-La tendré, muchas gracias-me sonrió y me dio un abrazo.
Nos pusimos camino a casa de mi abuela cuando aproveché que los chicos
estaban hablando entre ellos para acercarme a Isa para preguntarle algo.
-Isa... ¿Tú quieres a Blas?
No me respondió así que me di por satisfecha. Llegamos a casa de mi
abuela, se la presenté a los chicos y mientras ellos se instalaban en la
habitación que les dejó mi abuela, yo la ayudé a preparar la cena.
-¿Alguno de esos chicos es tu amigo?-preguntó.
-Los dos son mis amigos-respondí.
-Me refiero a tu amigo especial-dijo.
-Em... No, solo son amigos-me puse nerviosa y no supe por qué.
-A mí puedes contármelo-me miró pícara.
-¡Abu!-me quejé-.Solo son mis amigos, por ahora no quiero nada con ningún
chico.
-Pero quién sabe si en un futuro no muy lejano...
-Mejor vamos a seguir preparando la cena-la corté.
-Ui, creo que he tocado una fibra sensible-rió-.Dime solo quién es, ¿el
moreno o el rubio?
-Los dos son mis amigos, pero el que me pone nerviosa, es el rubio-lo
último lo susurré.
-Es mono y tiene unos ojos bonitos.
-Sí-sonreí y mi abuela me miró-. ¡Eso no quiere decir nada!
-Nadie ha dicho nada-rió.
Seguimos con la cena, lo pusimos en la mesa. Llamé a los chicos y cuando
ni Dani ni Isa nos miraban, Blas me susurró:
-Le has subido el ego a Dani.
-¿Cómo?-pregunté extrañada.
-Ha escuchado la conversación que has tenido con tu abuela en la
cocina-respondió susurrando aún.
-¡Mierda!-me quejé sonrojada.
Nos sentamos en la mesa y evité por todos los medios la mirada de Dani
que estaba frente a mí, las indirectas que me mandaba mi abuela y las risitas
de Blas e Isa.
Al terminar de cenar, Isa y yo nos fuimos a la habitación que
compartiríamos y Blas y Dani a la que compartirían ellos.
-Isa ahora vuelvo, voy a darle las buenas noches a mi abuela-le dije
mientras ella se ponía el pijama.
-Vale.
Estaba en su cuarto, toqué, me dejó pasar y entré.
-Buenas noches abu-le di un beso en la mejilla.
-Que descanses mi niña-me dijo.
Salí de su habitación y mientras iba a la mía, vi por la ventana algo que
me llamó mucho la atención. Sin dudarlo, salí al patio de atrás. La casa de mi
abuela estaba casi a las afueras del pueblo y tenía un huerto. En uno de los
árboles había una casita de madera que construyó mi abuelo para mi madre. De
pequeña, cada vez que iba a visitar a mis abuelos, me pasaba las horas allí
metida jugando con los juguetes de mi madre.
-Pues sí que te gusta a ti la soledad.
Di un bote, me giré y lo vi con el pijama puesto y echado en el marco de
la puerta mirándome.
-¿Qué haces ahí?-pregunté.
-Te he visto salir y he querido hacerte compañía, ¿te molesto?-dijo
acercándose a mí.
-No, solo estaba recordando-respondí.
-¿Puedo saber el qué?
Asentí y se lo conté.
-¿Subimos?-pregunté.
Él asintió, subimos por la pequeña escalera y entramos. Estaba tal y como
la recordaba de la última vez que subí, solo que había un pequeño detalle.
-¡Bobi!-exclamé.
-¿Quién?-preguntó Dani extrañado.
-Es mi osito de peluche, creí que lo había perdido-dije abrazando al
pequeño oso de peluche.
-¿Le pusiste nombre a un oso de peluche?-preguntó.
-Sí, tenía cuatro años y es muy mono-dije algo avergonzada.
-Pues sí que es mono, pero yo soy más mono-dijo quitándome el peluche y
poniéndoselo al lado de la cara.
-Mmm... No, el peluche sigue siendo más mono-le dije intentando coger el
oso.
-Eso me ha dolido-dijo subiendo la mano en la que llevaba el peluche.
-¿Puedes devolverme el peluche?-pedí.
-Cógelo-se encogió de hombros-¿no llegas?
-No, no llego.
-Pues ponte de puntillas-dijo.
Me puse de puntillas y él también. Estaba aprovechando que era unos
centímetros más alto que yo.
-Muy gracioso-lo miré mal.
Él solo se rió. Vi una pequeña silla, la cogí, me subí y forcejeé con
Dani para coger el peluche. La silla era muy inestable por lo que, en un
momento y un mal movimiento que hice, me vi en el suelo encima de Dani.
-Perdón-dije.
-Eres un poco torpe, ¿no crees?-dijo burlándose de mí.
-Es tu culpa-le dije intentando levantarme pero él me cogió por la
cintura dejándome pegada a su cuerpo.
-¿Dónde vas? Te recuerdo que me debes algo-me susurró muy cerca de los
labios.
-Em... Yo...-me estaba poniendo nerviosa.
-Tengo toda la noche-sonrió burlonamente.
Eso me mosqueó, moví el brazo y, sin querer queriendo, le di un codazo.
-¡Ah!-se quejó.
-Ups-dije con cara de falsa inocencia.
-Ahora sí que la has liado-dijo moviéndose.
¿Qué? Nos había dado la vuelta y ahora él quedaba encima de mí. Mi
respiración empezó a acelerarse y mi corazón parecía que se iba a salir de mi
pecho. Se iba acercando poco a poco a mí y cuando ya nos separaban escasos
milímetros...
-¿Me lo das tú o te lo doy yo?-me quedé helada.
Lo pensé rápidamente y decidí darle el beso yo. Pero me salió mal ya que
cuando iba a darle el beso en la mejilla, él se movió y terminamos besándonos.
Empezó como un beso tímido por mi parte, pero fue aumentando. Era un beso
especial, Dani me hacía sentir en las nubes y querida que era lo que necesitaba
en ese momento. Nos separamos cuando nos faltó el aire. Me dio un pequeño beso
y nos miramos a los ojos.
-Dani...-empecé, pero él me interrumpió.
-No digas nada, sé que te parecerá loco lo que te voy a proponer o que
digas que no va a salir bien, pero yo estoy seguro de que sí saldrá bien-dijo
sin dejar de mirarme. Se levantó y se sentó. Yo hice lo mismo quedando a su
lado-. ¿Quieres ser mi novia?
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