*Laura*
Terminamos de cenar y mientras Isa y Blas iban a nuestra habitación, yo
me fui con el resto a la habitación de David y Álvaro. Nos pusimos a hablar,
jugar a las cartas y propusieron jugar al yo nunca.
-Yo no juego-dije.
-¿Por qué?-preguntó David.
-Porque no me sienta bien beber-respondí.
-Cobarde-susurró Dani, pero no lo suficiente bajo, porque lo escuché.
-Está bien, juguemos-dije. Dani se estaba pasando.
-Pues empecemos-dijo David sacando unos vasos de chupitos y una botella.
-Que empiece la única chica-dijo Carlos.
Los cuatro me miraron.
-Yo nunca... He besado a nadie-todos bebimos, era obvio que con las
edades que tenían hubieran besado al menos a una chica, pero no se me ocurrió
otra cosa.
-Sigo yo-dijo Álvaro que estaba a mi derecha-.Yo nunca... Me he enamorado
de alguna amiga o amigo.
Todos bebieron excepto yo.
-¿Nunca?-me miraron.
-Nunca-me encogí de hombros.
-Sigo yo-dijo Carlos que estaba frente a Álvaro-.Yo nunca... Me he liado
con alguien delante de más gente.
Era obvio que eso iba por Álvaro y por mí así que bebimos, pero los otros
tres también bebieron.
-Mi turno-dijo David frotándose las manos-.Yo nunca he dicho alguna
tontería después de haberme emborrachado
Parecía que se la tenía pensada. Los chicos bebieron y me miraron.
-¿No bebes?-me preguntaron.
-La primera vez que bebí y me emborraché fue la otra noche cuando Álvaro
y yo nos besamos-se sorprendieron al ver que hablé con total naturalidad del
beso.
-Ahora me toca a mí-dijo Dani-.Yo nunca me he enamorado a primera vista.
Todos bebimos y Dani me miró serio. Yo sentí un escalofrío recorrer mi
cuerpo. Álvaro me sacó de mi trance y seguimos jugando. Cuando acabamos la
botella, decidimos dejar de jugar y como no teníamos sueño, David sacó una
película de su maleta y la puso. Era de miedo, genial, yo odiaba ese tipo de
películas. Nos sentamos en el suelo y me puse al lado de David.
-Eres idiota, ahora no sé cómo mirarlos a la cara-le susurré.
-Pues con los ojos-se burló.
-No me hace gracia-le di en el brazo.
Él solo se rió y nos pusimos a ver la película. En la primera escena de
miedo que salió, pegué un bote y me tapé la cara con el brazo de David mientras
él se reía.
Abrí los ojos y me vi tumbada en una cama. Miré hacia la otra cama y vi a
Álvaro y Carlos, genial. Me quedé dormida viendo una película de terror y con
cuatro de los cinco Auryn. Alguien se removió a mi lado y me giré asustada para
ver quién era. Suspiré cuando vi que era David. Vi un bulto en el sofá, me
levanté y pude ver a Dani en una posición algo rara, seguramente el sofá era
incómodo. Salí de la habitación sin hacer ruido y entré a la mía, Isa no estaba
así que decidí llamarla, pero no me cogía el móvil. Me fui a ducharme. Me
cambié y me sonó el móvil, era Isa y decía que al día siguiente se volvía a
España y, por supuesto, yo con ella. Le hice caso en eso de que aprovechara el
día para ver Londres antes de volvernos a España, así que me puse unos shorts
vaqueros, una camiseta con un poco de manga, pero corta por la parte de delante
de la cintura, con un dibujo, un bolso pequeño en el que metí mi cartera con el
DNI y dinero y mi cámara. Cogí un trozo de papel y un boli y le dejé una nota a
Isa:
Cari,
no te preocupes por mí si no me ves. Como nos vamos mañana, pienso aprovechar
el día para dar una vuelta y conocer más sitios de Londres. Nos vemos a la
noche. Te quiero. Besos XX
P.D: No
llevo móvil así que estaré incomunicada ;)
Eso último seguro que no le iba a hacer ni pizca de gracia, no le gustaba
que fuera sin móvil.
Dejé la nota sobre la mesita de noche y salí. No vi a nadie, miré mi
reloj de pulsera y vi que eran las nueve de la mañana. Me quité el reloj y lo
guardé en el bolso. Iría incomunicada y sin que un reloj marcara el tiempo. Fui
por una dirección contraria a la que se iba hacia el Big Ben y me planté en
pleno centro de Londres. Mi estómago rugió y me acordé que no había desayunado.
Entré a una cafetería, me senté en una mesa y pedí una taza de cola cao y unas
tostadas con mantequilla y mermelada. Cuando terminé, pagué y me fui. Por el
camino iba admirando y fotografiándolo todo. Después, me dirigí al Big Ben y
antes de llegar, vi a los chicos haciéndose fotos en unas cabinas cercanas.
Cambié mi rumbo para que no me vieran, me apetecía estar sola.
Sí, era un poco huraña. Pero de vez en cuando me gustaba encerrarme en mí
misma, salir a pasear sola o encerrarme con los cascos puestos y la música a
todo volumen. Me servía para pensar y analizar mi vida y lo que iba ocurriendo
en ella. Aunque también me servía para no escuchar las tonterías y repliques de
mi hermana y para quedarme sorda.
Llegué al puente y vi unas escaleras que llevaban a la orilla del río
dónde podías alquilar una barca para pasear. Bajé por las escaleras y me senté
un rato abrazándome las piernas y con la barbilla en mis rodillas mirando hacia
el frente. Después de un rato, me dolía la espalda, me eché hacia atrás y miré
el cielo. En mi recorrido por el cielo, vi a alguien asomado al puente, serio y
mirando hacia el río. Me puse en mi posición inicial esperando que no me
hubiera visto y que se fuera sin verme. De todas las personas que había, tenía
que ser justamente él.
-¡Solitaria!-gritaron.
Miré de dónde provenía el grito y lo vi mirándome con una sonrisa de
chulo. Lo miré, le dediqué una sonrisa forzada, por no decir falsa, y seguí
mirando hacia el frente.
Me volví a mi mundo, pensando en mis cosas cuando me sobresalté porque
noté algo en mi mejilla. Me giré y lo vi sentado a mi lado con una sonrisa
enorme. Lo miré incrédula, sorprendida y atontada por su sonrisa. Levantó el
dedo índice de su mano derecha y me dio en la mejilla.
-Ei, no toques-me quejé echándome hacia atrás.
-¿Por qué?-dijo tocándome otra vez mi moflete derecho.
-Porque mis mofletes no se tocan-le lancé una mirada de odio y me eché
hacia atrás.
-Ni que tus mofletes fueran de oro-dijo.
-No, pero no me gusta que me los toquen-le advertí.
-Pues a mí me gusta tocarlos-volvió a tocarme el moflete.
-Me estoy cansando, ¿puedes parar?
-Con una condición-se puso serio.
-Tú dirás-suspiré.
-Que me dejes guiarte por Londres antes de que te vuelvas a
España-respondió.
-¿Cómo sabes que me voy?-pregunté.
-Isa nos lo ha dicho esta mañana en el desayuno. ¿Por qué te tienes que
ir tú también?
-Porque vine con ella y si se va, yo no pinto nada aquí sola-contesté.
-Sí que pintas y no estarías sola, nos tienes a nosotros y a... Álvaro-lo
último lo dijo con los dientes apretados.
-¿A qué te refieres con Álvaro? Y no me digas que nada porque sé que si
lo dices es por algo-le dije mirándolo de frente y a los ojos.
-Pues que habéis congeniado muy bien y que sé que os gustáis-respondió.
-¿Gustarnos? ¿Por qué dices eso?
-Porque se os nota por como os miráis, como os sonreís, como habláis, por
como os comportáis cuando estáis juntos...
-Y porque nos besamos ¿verdad?-le corté. Me miró serio y su mirada
transmitía dolor-No te debería dar explicaciones, pero estábamos borrachos y no
sabíamos lo que hacíamos, al día siguiente quedamos, hablamos sobre eso y
quedamos en que había sido un lapsus, nada de importancia.
-¿De verdad?-sus ojos ya no mostraban dolor, sino esperanza.
-Sí-suspiré.
-Cambiando de tema-dijo después de unos minutos de silencio, lo miré-.No
me has respondido a la condición que te he puesto por no tocarte los mofletes.
-Ah, ¿qué pasa si te digo que no?
-Pues que tendrás que aguantarte y dejar que te toque los mofletes.
-Eso si yo me dejo-lo reté.
-¿Me estás retando?
-¿Lo dudas rubito?
-No me puedo esperar nada de ti porque siempre terminas sorprendiéndome,
aunque no creo que te resistas a una cita conmigo.
-¿No crees que eres un poco creído?-pregunté asombrada.
-Me refería a que no soportarías mucho tiempo a esto-empezó a darme con
el dedo en el moflete repetidas veces.
-Vale, vamos. Pero que conste que esto no es una cita-le advertí
levantándome.
-Como tú digas-sonrió triunfante.
Subimos las escalares en silencio. Cuando llegamos arriba, el empezó a
andar con paso rápido. Yo me quedé un poco atrasada cuando escuché su voz.
-He visto gente con 80 años más rápidos ¡caracol!- dijo riendo.
-¿A sí? -me paré a pensar un momento- Pues ahora verás...
Cogí carrerilla y me subí en su espalda. Él instintivamente me sujetó,
pero lo hizo de muy arriba, para ser más exactos, del trasero.
-Em, podrías bajar un poquito las manos, ¿no te parece?
-Sí, pero es que de aquí-dijo tocando otra vez mi trasero-te puedo coger
mejor para que no te caigas, porque pesas un poquito.
-¿No decías que era un caracol? Pues ahora te aguantas-dije riendo a más
no poder.
-Yo no me he quejado de que te hayas subido-dijo con tonto pícaro.
-Bueno, ¿adónde me piensa llevar, señor guía turístico?-le dije
poniéndome mejor sobre su espalda.
-Pues...-se puso pensativo-Creo que allí.
-¿Dónde?-no señaló a ningún sitio, por lo que no supe a dónde se refería.
-Allí-volvió a decir.
-¿Podrías señalármelo?-pregunté.
-Es que si lo señalo, tendré que soltarte y puedes caerte-contestó-.Pero
si tú quieres...
-¡No!-dije agarrándome fuerte a su cuello para no caerme cuando noté que
aflojaba las manos-Mejor deja las manos dónde están.
-A sus órdenes-sonrió y apretó sus manos en mi trasero.
-Eres un aprovechado y un asqueroso-le dije dándole un golpe en el
hombro.
-Ei, tú me has dicho que dejara las manos dónde estaban-se defendió.
-Pues ya puedes bajarme.
-Ahora no quiero.
Me removí y me bajé.
-¿Te has enfadado?-preguntó poniéndose a mi lado.
-No, pero la gente nos mira raro y pensará que somos pareja o
algo-respondí mirando hacia todos lados.
-Por mí no hay problema-dijo sonriendo.
-Pero por mí sí, así que andando hacia donde me quieras llevar que solo
tengo el día de hoy-dije.
-Pues vamos.
Me cogió de la mano y haciendo oídos sordos a todos mis reclamos y quejas
sobre que me soltara, echó a correr arrastrándome tras él. Llegamos al London
Eye, nos subimos, saqué mi cámara e hice un montón de fotos. En un momento,
Dani me robó la cámara y empezó a hacerme fotos y después varias de nosotros
dos. Me devolvió la cámara, sacó su IPhone y nos hizo una foto. No supe para
qué la quería, pero lo dejé pasar. Él no era muy normal así que las cosas que
hacía tampoco eran normales. A la hora de comer fuimos a un restaurante a
comer, no me dejó pagar por lo que me enfadé con él, pero no me duró mucho.
Fuimos a una parte de Londres en la que había como una especie de feria. Me
quedé mirando las muchas pulseras de uno de los puestos. Y cuando me di cuenta,
Dani me cogió la muñeca y me puso una pulsera de hilo azul, igual a la que se
había comprado para él. Me quejé, pero me dijo que era para que tuviera un
recuerdo de él acompañado de un beso profundo y bastante largo en la mejilla.
Me sonrojé y para evitar que me viera, seguí hacia adelante. Eran sobre las
doce y ya debíamos volver al hotel. Fuimos por varias calles, pero no dábamos
con el hotel.
-Asúmelo, nos hemos perdido-dije.
-No, estoy seguro que era por aquí-dijo dubitativo.
-Es por allí-señalé una calle contraria a la que él señalaba.
-¿Cómo estás tan segura?-me preguntó poniéndose frente a mí.
-Mi sexto sentido de mujer me lo dice-respondí.
-¿Y es fiable ese sexto sentido tuyo de mujer?-se burló.
-Sígueme y lo sabrás-le dije y me di media vuelta para irme.
Se puso a mi lado rápidamente y fuimos por la calle que yo había
señalado. Por allí transitaba mucha gente, me acerqué a una señora de unos
cuarenta y tantos años, le pregunté por el hotel y me dio las indicaciones. Se
lo agradecí y nos pusimos en camino.
-Pues vaya con tu sexto sentido-dijo de repente.
-¿Estás celoso por mi perfecta pronunciación inglesa?
-Después el creído soy yo.
-Y lo eres-le saqué la lengua y empecé a reírme.
-Pagarás por eso.
Echamos a correr y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en la entrada
del hotel. Entramos y subimos al ascensor.
-Al final con la carrera hemos llegado muy pronto-dijo.
-¿Pronto? Es la una y media-dije asombrada mirando mi reloj-.Espero que
Isa no haya cogido los vuelos para muy temprano porque si no voy a morir y será
por tu culpa, rubito-lo señalé con un dedo.
-No te mueras. Y espero que tengas un buen viaje-sonrió y se acercó a mí.
Estaba pegado a mí, y su cara poco a poco se acercaba a la mía. Sabía lo
que iba a pasar, pero no estaba segura de que fuera lo correcto, ya que no
sentía más que una simple atracción hacia él. Poco antes de que terminara de
acercarse a mí, le di un beso en la mejilla y salí del ascensor con un 'buenas
noches, Dani'.
Fui hasta la habitación e Isa ya estaba dormida. Me cambié y me dormí
pensando en el día que había pasado con Dani.
No hay comentarios:
Publicar un comentario