jueves, 29 de junio de 2017

Capítulo 23: Mi pesadilla hecha realidad

*Laura*
Tras dos días en el hospital, por fin podía volver a casa con mi bebé. No podía quejarme, me habían mimado muchísimo entre los chicos, las chicas, mi padre y mis tíos que habían venido a verme, mi abuela que adoró a su bisnieto tras el primer vistazo y mi rubio. No me había dejado ni un solo segundo, siempre atento a nuestro hijo y a mí.
Al terminar de recoger todas las cosas de la habitación, me giré hacia Dani que miraba embobado a nuestro bebé.
-Y yo que pensaba que sólo era por Sara que te quedabas embelesado-reí.
-Sara me enamoró, además, la ayudamos a nacer, era obvio que me sentiría ligado a ella-le dio un beso a nuestro pequeño en su cabecita y se acercó a mí-. Pero tú acabas de enamorarme aún más. Es el mejor regalo que podrías haberme hecho, pequeña, te amo.
-El regalo es mutuo, solo conmigo él no habría podido crearse-le acaricié la espalda a Rubén-. Yo también te amo.
Me dio un beso en los labios, pero tuvimos que separarnos cuando el pequeño se quejó. Reí, a partir de ese momento tendríamos poco tiempo para mimarnos. Mi padre tocó en la puerta y le sonreí, Dani me pasó a nuestro bebé y entre él y mi padre cogieron los regalos y mis cosas y las de Rubén. Íbamos a subir al ascensor, pero me detuve de golpe y miré a Dani que me miraba curioso.
-No puedo salir de aquí sin pasar a ver a los chicos-murmuré.
-Sabía que lo dirías, por eso les avisé y están esperándonos-me sonrió.
Abrí los ojos mucho por la sorpresa y le di un beso antes de subir en el ascensor. Mi padre me miraba divertido, pero enseguida su mirada se enterneció cuando su nieto giró la cara hacia él. Apenas abría los ojos aún y estaba ansiosa por ver de qué color serían. Lo mecí un poco y bajamos en la planta de traumatología. Apenas había gente por los pasillos por lo que nos fue más fácil movernos hasta la habitación.
Dani tocó en la puerta y me la abrió para que entrara yo primero. Le sonreí y me asomé antes de entrar por completo.
-¿Se puede?
Los cuatro nos miraron sorprendidos, pero enseguida Isa vino a quitarme a Rubén de los brazos. Reí y dejé que lo achuchara, al fin y al cabo yo había hecho lo mismo con su hija.
-¿Qué haces aquí?-Preguntó Blas mientras le abrazaba.
-No podía irme sin venir a veros-le sonreí y me acerqué a Álvaro-. ¿Cómo seguís?
-Mucho mejor-me respondió el moreno-. Ya estoy deseando poder volver a casa, echo de menos a mi hijo.
-Y yo al terremoto que es la mía-rió Blas-. Además, las enfermeras ya no son tan simpáticas y esta cama no es nada cómoda.
-No para de quejarse en todo el día-se burló Isa-. Quejica.
-Calla y pásame a mi sobrino-estiró los brazos hacia ella, mi amiga le sacó la lengua y le dejó a mi bebé-. Me recuerda tanto a Sara cuando nació-sonrió y lo meció-. Clara tiene razón, es un angelito.
-Es perfecto, pero no podría haber sido de otro modo porque quien lo ha traído al mundo es mi pequeña-Dani me abrazó y me dio un beso en la cabeza.
-Desde que te has vuelto padre no paras de lanzar azúcar por la boca, tío, me estás asustando-rió Álvaro.
-No se puede ser dulce con vosotros-se hizo el ofendido.
-Ven y dame un besito, cari, que yo sí te dejo ser dulce conmigo-Blas le puso morritos y todos reímos.
Rubén se quejó y comenzó a llorar.
-Creo que se ha asustado-me acerqué para poder cogerlo-. Ya, cariño.
-Adiós a mi turno-Álvaro puso un puchero-. En cuanto esté en casa no pienso soltar a Pablo para nada.
-Nosotros tenemos que irnos ya-dijo Dani-. Mañana paso a veros, petardos.
Me despedí de los cuatro con besos en las mejillas y salimos al pasillo, donde mi padre nos esperaba. Volvimos a subir al ascensor y salimos del hospital. Me monté detrás después de poner a Rubén en la sillita para el coche y mi padre y Dani guardaban las cosas en el maletero.
El viaje hasta casa fue tranquilo, el bebé durmió durante todo el camino y, al llegar a casa, nos encontramos una sorpresa. Mis tíos, mi abuela y los padres y la hermana de Dani nos habían preparado una sorpresa.
Después de besos y abrazos, dejé a Noelia sentada en el sofá con Rubén en brazos y fui a la cocina a por un vaso de agua.
-Raquel dice que ellos vendrán mañana, que querían dejarnos privacidad con la familia-comentó Dani entrando detrás de mí-. Como si ellos no fueran parte de nuestra familia.
-Esta chica es idiota-negué con la cabeza-. Por fin en casa.
-Y con nuestro pequeño-me abrazó-. No me canso de agradecerte el regalo tan grande que me has dado, pequeña.
-Y yo vuelvo a repetirte que es parte tuya también-le señalé-. Estoy deseando ver de qué color son sus ojos, pero no quiere dejarse ver.
-Aún es pronto y quizá quiera esperar a estar con nosotros a solas-me dio un beso en la frente-. Me encanta que quieran estar con nosotros, pero creo que ya es hora de que nos dejen descansar.
-Un ratito más-le besé en la barbilla.
-¡Laura!
-¡Voy!
Le di un beso corto a Dani en los labios y fui hacia el salón, para ver qué quería Noelia.
-¿Qué pasa?-me acerqué a mi cuñada.
-Tu primo me ha robado al bebé-señaló a Jesús con el ceño fruncido.
No pude evitar reír, porque parecía una niña pequeña y mi primo aún peor ya que le sacó la lengua. Me giré hacia Jesús y crucé los brazos.
-Eres un maleducado, llegas tarde y encima ni saludas-lo acusé.
-He venido a ver a mi sobrino, a ti ya te tengo muy vista-se encogió de hombros.
-Eres idiota-rodé los ojos-. Hola, Alejandra.
-Tú bebé es precioso-me abrazó y yo reí abrazándola de vuelta.
-Gracias.
-Noe, nos vamos-me giré a ver a mi suegra-. Estáis agotados y querréis descansar.
-Un rato más no hace daño a nadie-le sonreí.
-Dani se está quedando dormido de pie-rió-. No te preocupes, antes de irnos a Alcalá pasaremos por aquí.
-Gracias por todo-la abracé.
-Gracias a ti por nuestro nieto-el padre de Dani me abrazó-. Y por cuidar de nuestro hijo.
Le sonreí sonrojada y me dejé abrazar por mi cuñada.
-Odio a tu primo-refunfuñó.
-Entonces puedes aliarte con Isa, ella tampoco le tiene mucho aprecio-bromeé.
-¿Me dejarías estar en la próxima quedada de chicas?-Abrió los ojos mucho.
-Noelia…-La riñó su madre.
-Puedes venir a pasar unos días mientras sigas de vacaciones-le sonreí.
-De eso nada-intervino Dani-, me niego rotundamente.
-Por fa, Dani, puedo ayudar a Lau con Rubén y de paso pasar un rato con las chicas y los bebés-puso pucheros-. Quiero conocer a Sara…
-Ya veremos-frunció el ceño.
-Yo lo convenzo-le guiñé un ojo y ella sonrió contenta.
Mis tíos también me abrazaron y se despidieron, mi abuela no quería irse, pero estaba agotada y necesitaba descansar, mi padre los acompañó, todos se quedaban en el mismo hotel y habían hecho muchas migas para alivio de Dani y mío.
Después de cerrar la puerta, me di cuenta de que mi primo seguía sentado en el sofá con mi hijo entre sus brazos y Alejandra a su lado haciéndole mimos.
-No va a haber manera en la que consigamos que nos dé a Rubén, ¿verdad?-Dani puso una mueca.
-Me temo que no-lo abracé-. Voy a la ducha antes de que pida su segunda toma, ¿te haces cargo tú?
-Claro-me sonrió y me besó en la frente-. Vamos a ver, parejita, si queréis achuchar a un bebé, ya es hora de que os pongáis a buscar los vuestros propios.
Negué con la cabeza, aguantando las risas y fui a darme una ducha de apenas cinco minutos, debía comenzar a aprender a ducharme rápido para atender a mi bebé.
Al salir, ya no se escuchaba nada, me asomé al salón cepillándome el pelo con los dedos y me lo encontré vacío, fui hasta mi habitación y allí encontré a Dani cambiando a Rubén.
-Al final te has salido con la tuya-me eché en el marco de la puerta.
-Qué va, se fueron avergonzados por el rumbo que tomó la conversación-rió-. Mi pequeño está listo para su toma.
-Ven con mami, cariño-Dani esperó a que me acomodara en la cama para darme al bebé-. ¿Qué rumbo tomó la conversación?
-Les dije que podían pedirnos consejo a Carlos, Álvaro o a mí si querían un niño o a Blas si preferían una niña, que nosotros encantados les damos los trucos-se burló-. Aunque creo que lo que peor puso a Jesús fue cuando le recordé que se desmayó en el hospital en cuanto supo que estabas lista para dar a luz.
-Ya no me acordaba-reí-. Debo recordárselo para reírme yo también de él.
Reímos y, después de darle su toma a mi bebé, nos acostamos. Caímos rendidos los dos, aunque nos despertamos a tiempo para las tomas del pequeño.
A la mañana siguiente, después de desayunar y de darle el primer baño a  Rubén, Dani se fue hacia el hospital para ver a los chicos, por lo que me quedé sola en casa. Estaba en la cocina cuando escuché a mi bebé llorar.
-Voy, cariño-empecé a hablarle para que escuchara mi voz y se tranquilizara.
Pero fui yo la que se tensó, me quedé estática en el quicio de la puerta viendo hacia el interior de mi habitación.
-Vaya, parece que te has quedado muda-se burló meciendo a mi hijo entre sus brazos.
-¿C-cómo has entrado?-Balbuceé dando un paso hacia dentro.
-No te acerques, puede que haga un mal movimiento y no queremos que tu hermoso bebé caiga al suelo ¿verdad?-Apreté la mandíbula y me quedé quieta muy a mi pesar-. Así me gusta. He entrado con la copia de la llave que aún guardo, Dani es tan despistado.
-Se la robaste-jadeé.
-Él me la dio cuando estuve aquí con él, se le olvidó pedírmela y yo no quise devolvérsela-sonrió de forma escalofriante-. Es tan bello su bebé que quisiera llevármelo.
-No.
-Eres tú la que no debiste quedarte embarazada nunca, la que debió quedarse en su estúpido pueblo y no salir nunca, Dani es mío-me señaló y temí por mi bebé-. Yo debí casarme con él.
-Diana, por favor, deja al bebé-supliqué.
-¿Tienes miedo de que le haga algo a tu pequeño engendro?-Rió-. Quizás se lo haga, es tan tierno que cualquier cosita le haría mal.
-Por favor…
-Adoro tanto tus súplicas para que no maltrate a tu bebé-bajó un poco a Rubén y yo di un paso estirando mis brazos-. Alto ahí, querida.
-¿Qué es lo que quieres?-Apreté los puños a mis costados.
Ella sonrió de lado y miró a mi pequeño, suspiré derrotada, si no le daba lo que quería, al final le haría daño a Rubén y eso era lo último que quería en el mundo.
-Está bien-llamé su atención-. Tú ganas.
-¿Tan fácil?-Me miró escéptica.
-¿No quieres a Dani?-Señalé.
-Pero él quiere a su bebé-meció a mi hijo.
-Pero el bebé es un estorbo para una pareja que va a comenzar, los novios que están empezando necesitan estar tranquilos y tener tiempo para ellos-hablé despacio, atrapando su atención.
-Sí, tienes razón-se acercó a mí y se inclinó, como si fuera a contarme un secreto-. Por eso ayudé a Silvia a provocar el accidente que tuvieron Álvaro y Blas.
Jadeé horrorizada y un nudo se instaló en mi garganta, acababa de confesarme que era cómplice del supuesto accidente de los chicos. Tragué saliva con dificultad y me enfoqué en Diana, no estaba bien, su mente estaba enferma y me daba miedo de verdad.
-¿Tú me vas a ayudar?-La miré fijamente por varios segundos y terminé asintiendo-. Entonces seremos amigas.
-Claro que sí, yo voy a ayudarte-abrí los ojos más de la cuenta cuando me extendió a Rubén, lo tomé rápidamente y lo apreté contra mi pecho, suspirando con alivio cuando Diana dio varios pasos hacia atrás.
Al escuchar la puerta, se irguió tensa y su mirada se volvió escalofriante. Apreté a mi bebé aún más y corrí llamando a Dani.
-¿Qué pasa?-Preguntó alcanzándome al final del pasillo.
-Es Diana, está en la habitación y tenía al bebé-sollocé.
Solo le hizo falta un gesto para que David y Carlos fueran con él, Raquel y Clara se quedaron conmigo, en la esquina contraria por si acaso. Después de gritos, ruidos fuertes y maldiciones de todas clases, Diana salió agarrada de los brazos por Dani y David.
-Dijiste que me ibas a ayudar-me acusó.
Me volví hacia Raquel y le pedí que sostuviera a Rubén antes de acercarme un poco a ella.
-Y te voy a ayudar-me miró esperanzada-. Pienso ayudar a que te encierren porque estás enferma, tú y Silvia vais a acabar muy mal por todo lo que habéis hecho.
-La policía viene en camino-avisó Carlos guardando su teléfono-. No van a tardar nada.
Y fue cierto, en menos de diez minutos, dos agentes llegaron y esposaron a Diana antes de que la metieran en el coche, uno se quedó haciendo guardia y el otro nos pidió que contáramos lo ocurrido. Por supuesto no me callé la confesión que me había hecho la bruja un rato antes.
Luego nos quedamos los seis bastante callados, cada uno asimilando a su manera lo que había ocurrido y yo deseé con todas mis fuerzas que Silvia no apareciera pronto, al menos no para hacernos más daño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario