domingo, 11 de febrero de 2018

Capítulo 26: El regalo

*Laura*
No podía creer que fuera a ser mamá de nuevo, otro bebé al que amar y mimar tanto como quería a mi pequeño rubio, al que esperaba a la puerta de la guardería.
Tampoco podía creerme la casualidad de ser madre al mismo tiempo que mi pequeña Isa y quizá era eso lo que más ilusión me hacía de ese nuevo embarazo.
-Hola Laurita-se sujetó de mi brazo.
-Hola Ainhoa-le di un beso en la mejilla-. ¿Y el peque?
-Con su tía Alejandra, que por fin se ha dignado a aparecer-rió-. Está con Jesús también.
-Ese petardo me va a oír-entrecerré los ojos-. No te importa que vaya a darle un tirón de orejas ¿no?
-Para nada, me encanta verle nervioso sin saber qué hacer cuando te pones en modo mami gruñona con él-se burló.
-¿De verdad soy una mamá gruñona?-Puse un puchero.
-Sólo con Jesús, con Rubén eres una súper mamá amorosa-me abrazó-. Por ahí vienen los peques.
Me soltó y nos acercamos con las otras madres para poder recoger a nuestros pequeños. Mi rubio se abrazó a mi pierna y luego empezó a dar saltitos para que lo alzara. Por supuesto que no me hice de rogar y llené la cara de mi bebé de besos. Luego esperé a que Ainhoa acabara de hablar con la maestra para poder irnos a casa juntas.
-Ha vuelto a morder a Gabriel-suspiró-. No sé qué hacer con él. Luego nos vemos, voy a pedirle disculpas a su madre de nuevo.
-Te espero fuera-le sonreí.
Me devolvió el gesto y salí con mi pequeño parloteando en su media lengua lo que había hecho aquella mañana.
-Tengo una noticia que contaros a papá y a ti, gordito, pero es una sorpresa-él me miró con sus ojos muy abiertos-. Vamos a llamarle para hablar con él.
Me senté en un banco con Rubén sobre mi regazo y llamé a Dani, poniendo el altavoz para que el pequeño pudiera escucharle también.
-Hola pequeña-canturreó.
-¡Papá!-Gritó.
-Y mi pequeño también-rió-. ¿Ya me echáis de menos?
-Sí-respondió como si realmente entendiera de qué le estaba hablando.
-Vaya, una afirmación muy rotunda-volvió a reír-. ¿Ya estáis en casa?
-Estamos esperando a Ainhoa que ha ido a disculparse con la mamá de Gabriel porque Pablo ha vuelto a morderle.
-Vaya, ese niño es todo un caníbal-escuché voces a su alrededor-. Tu hijo es un caníbal, ¿es que no le dais de comer en casa?
-Deja a Álvaro en paz, petardo-le reñí-. ¿Qué tal os va?
-Agotados pero con muchas ganas, llegaré tarde a casa pero creo que eso se está convirtiendo en costumbre de los martes-suspiró-. Voy a tener que dejaros, aunque me encanta la conversación de Rubén.
-Creo que está contándote todo lo que ha hecho hoy y parece que ha tenido una mañana muy ajetreada-reí-. Luego nos vemos, cielo.
-Os quiero mis pequeños-hizo ruidos de besos que Rubén imitó.
-Y nosotros a ti-colgamos.
Cuando me guardé el teléfono en el bolso, Rubén me miró con sus ojos muy abiertos y los labios en un puchero.
-¿Papá?
-Luego hablamos con él cariño, tiene que trabajar con tus tíos-le di un beso en la frente-. ¿Quieres a mamá?
Me echó los brazos al cuello y me dio besos en la barbilla. Reí y lo abracé contra mi pecho.
-Ya estamos aquí-avisó Ainhoa con un lloroso Pablo a su lado.
-¿Todo bien?-Señalé con la cabeza al pequeño mientras caminábamos hacia su casa.
-La madre de Gabriel es muy comprensiva y dice que es normal en niños-suspiró-. Dice que su hijo mayor tiraba del pelo a todas las niñas y siempre estaba de tutoría con las maestras.
-Un poco de karma-reí.
-Eso mismo me ha dicho ella, creo que es un tanto mística-hizo un gesto con las manos y comenzamos a reír-. Pablo, quieto ahí.
Sostuve a Rubén de la mano para cruzar y diez minutos después, llegamos a su casa. Ainhoa abrió la puerta y me guiñó un ojo antes de dejar a los niños correr.
-Si está aquí mi sobrino favorito-oí la voz de mi primo.
-Si fuera tu favorito pasarías más a verle-puse los brazos en jarra.
-Hola primita-rió cohibido y se acercó a saludarme-. ¿Qué tal?
-Estupendamente gracias a tu visita…
-Dime cuánto tiempo me vas a castigar y así acabamos antes-suspiró.
-Hasta que te decidas a comportarte como un primo normal, contestando a mis llamadas, viniendo a visitar de vez en cuando…-enumeré- Ya sabes, ese tipo de cosas.
-Prometo intentarlo, pero sabes que tengo una vida ajetreada-dejó a Rubén en el suelo y me abrazó.
-Intenta hacer un pequeño hueco aunque sea de una vez al mes en tu apretada agenda para tu prima-pedí.
-Lo prometo-me achuchó y volvió a alzar a Rubén para hacer el avión.
Saludé a Alejandra con un medio abrazo ya que tenía al pequeño Jorge entre sus brazos y un ratito después nos fuimos a casa. Di de comer a mi pequeño y le puse los dibujos para que se entretuviese mientras yo recogía la cocina.
En cuanto se quedó dormido, apagué la tele y llamé a mi padre para ver cómo estaban él y mi abuela, omití la noticia de que volvía a estar embarazada porque quería que fuese Dani quien lo supiera antes.
Pasé la tarde jugando con mi pequeño mientras veíamos los dibujos a medias, lo bañé y le di de cenar, pero no hubo manera de que el pequeño quisiera dormir antes de que papá llegara, por lo que lo acurruqué en mi regazo.
-¿Sabes mi pequeño?-capté su atención-, vamos a tener un hermanito.
-¿Nito? -Preguntó.
-Sí, cariño-puse su manita sobre mi tripa-. En la barriga de mamá hay un hermanito.
Dejó su manita sobre mi tripa y se quedó medio dormido, hasta que llegó Dani y se despertó para darle la bienvenida a su papá.
-¿Por qué no estás durmiendo aún, campeón?-Le dio un beso en la frente y nos acurrucó a los dos entre sus brazos.
-Nito-puso su mano en mi tripa y se acurrucó.
Al poco estaba dormido y Dani se ofreció a acostarlo mientras yo ponía la mesa en la cocina para cenar. Dani entró estirándose y me sonrió antes de rodearme entre sus brazos para darme un beso que me hizo suspirar.
-Me ha llamado la atención lo de antes-rozó su nariz con la mía-. ¿No es un poco pronto para que pida un hermanito?
-Rubén no te estaba pidiendo un hermanito-me sonrojé-, te estaba avisando de que va a tener un hermanito.
Lo vi tragar saliva a la vez que sus ojos se abrían más de lo normal y temí un poco por su respuesta, quizás mi entusiasmo por este nuevo bebé no fuese compartido y podía ser cierto que era un poco pronto para tener otro hijo.
-Di algo, por favor…-murmuré con voz queda.
-Es que…-se pasó las manos por el pelo- Vaya, no esperaba…
-Ais, Dani, sé que puedes ser más directo, no juegues con mis nervios porque me vas a matar-me crucé de brazos.
El muy idiota rió y volvió a rodearme para dar una vuelta completa conmigo entre sus brazos.
-Eres la mujer más maravillosa con quien una vez pude soñar el compartir mi futuro, no hay día en el que agradezca a Dios, al destino, a Isa o lo que sea que te haya puesto en mi camino porque eres la mejor amiga, la mejor novia, la mejor esposa, la mejor madre y te amo un poco más cada día-unió su frente a la mía-. Me hiciste feliz cuando decidiste querer salir conmigo, después cuando te mudaste aquí, el día que aceptaste ser mi esposa pude tocar las estrellas, pero cuando supimos que estabas embarazada desperté a los chicos en mitad de la madrugada, cuando escuchamos el latido de nuestro Rubén por primera vez, el día que nació… Son tantos momentos tan grandes, mi pequeña que creía que podía ganar al hombre más feliz sobre la Tierra, pero ahora…
-¿Ahora qué?-Pregunté entre lágrimas de emoción.
-En este momento yo creo que soy el hombre más feliz de toda la galaxia-rió y limpió mis mejillas-. Te amo muchísimo mi pequeña, gracias por hacerme este nuevo regalo.
-Y yo te amo a ti-me abracé a él.
-Mi llorona-me dio un beso en la frente y acarició mi tripa con una mano-. Otro bebé… Es la mejor manera de acabar un día.
Me achuchó y luego me hizo alzar la cabeza para besarme de forma intensa pero dulce, todo mezclado entre mis lágrimas porque era una embarazada llorona.
Mientras cenábamos, Dani no dejó el teléfono, antes de las doce de la noche, ya los chicos, sus padres y los míos sabían que un nuevo bebé venía en camino y yo me sentía dichosa por su felicidad.
Al otro día, en el cumpleaños número cuatro de la pequeña Sara todos nos felicitaron, incluida mi ahijada que estaba contentísima porque iba a tener un hermanito, por lo que llenamos a Isa de felicitaciones también.
-¿Alguien sabe qué le ocurre a la dramática de Clara?-Preguntó Raquel sentándose con Cristina en brazos-, está más rara de lo normal.
-Javi cumplió tres años el mes pasado, yo también me siento nostálgica sabiendo que mi pequeño los cumplirá en unos meses-le respondió Ainhoa.
-Eso es cierto, mi bebé se hace mayor-puse un puchero-. Pero es cierto que parece algo más… no sé, quizás emotiva.
-También es cierto que el mes que viene cumple un año más, se nos hace mayor-señaló- y Carlos y yo hemos pensado en hacerle una fiesta sorpresa a ella y David, como cumplen con dos días de diferencia, podemos hacerla el día del medio todos juntos y a ver si se le pasa la tristeza mientras.
-De verdad que a ti la delicadeza te ha durado los nueve meses del embarazo-reprochó Ainhoa-. Es buena idea, aunque con tanto peque casi que va a ser más una fiesta infantil.
-Es cierto que desde que tenemos a los pequeños no hacemos las reuniones que solíamos hacer casi semanalmente antes y eso que nos veíamos más-comenté-. Yo me apunto, así me distraigo que algunas tardes se me cae la casa encima de lo mucho que me aburro y a Rubén le va a venir bien jugar con más niños.
-Hoy se lo están pasando pipa con los amigos de Sara-rió Ainhoa.
Miré hacia el jardín, donde los niños corrían y jugaban con todo tipo de juguetes, iban a acabar agotados al final de la tarde.
-Oye Laura-me giré a mirar a David-. ¿Cómo os pusisteis de acuerdo mi cuñadita y tú para quedar embarazada al mismo tiempo?, ¿os hicisteis una perdida o algo?
-Vete a la mierda, David-mis mejillas se convirtieron en dos tomates maduros.
-No se dicen malas palabras-me rió Isa y le dio una colleja al moreno-. Y tú, no seas cochino que estás en una fiesta infantil.
-Perdóname, cuñadita-le puso un puchero.

Se sentó a mi lado y me acurruqué junto a ella, hasta que llegaron nuestros bebés a reclamarnos y no me refiero a Sara y Rubén, sino a Blas y Dani.

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