sábado, 17 de febrero de 2018

27. Respuestas.

*Clara*
Abrí los ojos después de una noche complicada, Javier estaba resfriado, tras el cumpleaños de Sara cayó enfermo, nada del otro mundo, lo normal en un niño pequeño que está en la escuela, pero eso no significaba que no lo pasara mal, estuvo toda la noche tosiendo y con unas décimas de fiebre.
Lo que me llevaba al siguiente punto, el médico, una visita que me había dejado patidifusa.
Ahí estaba ella, con el cabello teñido de rubio pollo. Esa bruja que había ocasionado tantos problemas a mis amigos. Y no estaba sola.
Me refiero a Silvia, en el pediatra, lo que me desconcertó, puesto que ella jamás había hablado de tener hijos, y ahí estaba, sentada con un niño pequeño de cabello negro y ojos verdes, un niño de aparentemente tres años, más delgado de lo habitual, y más serio de lo que suele ser un niño de esa edad.
¿Podría ser que Álvaro tuviera un hijo secreto sin saberlo?, la situación complicaba en demasía las cosas, ¿cómo iba a hablarle a cualquiera de mis amigos de mis sospechas?, ¿y si no eran más que eso?, sospechas sin fundamento. Pero es que ese niño era idéntico a Álvaro, y si no estaba equivocada, las fechas coincidían con su ruptura.
Esa situación sumada a que me encontraba extraña por el embarazo que aún no había comunicado a mis amigos... Lo cierto es que lo averigüé la misma tarde que vi a Silvia, me hice un test de embarazo y descubrí que no estaba de una semana o dos... estaba de más de dos meses.
¿Si se lo había contado a Carlos?, no, aún no. No se bien a qué esperaba, supongo que estaba intentando asimilarlo yo antes de dar la noticia. ¿Cómo no me había percatado de que estaba embarazada?, eso explicaba mi humor.
Me llevé las manos a la cabeza y suspiré, ¿de verdad estaba preparada para aumentar la familia?, daba igual lo que quisiera, el bebé ya estaba en camino, tenía que aceptarlo.
Me incorporé y miré a Carlos, que continuaba durmiendo, después de una noche tan ajetreada, lo comprendía, ninguno había dormido bien.
Me eché de nuevo y giré hacia él, lo miré mientras sonreía sin pretenderlo. ¿Cómo reaccionaría él?, la primera vez casi se desmayó, aunque lo aceptó con alegría.
Le acaricié la mejilla y le besé la frente, quería que despertase, ya era la hora de que nos levantásemos para prepararnos.
-Buenos días, rubio.- Le dije con más dulzura de la que acostumbraba.
Carlos abrió los ojos y sonrió.
-Buenos días, morena.- Me respondió y me besó los labios.- ¿Ya es la hora?- preguntó.
Asentí, pero antes de que se levantase lo agarré del brazo, para impedírselo.
-Tengo algo que contarte.- Dije con un hilo de voz.
Carlos me miró preocupado, jamás me mostraba tan vulnerable o nerviosa como para que no me salieran las palabras.
Suspiré y me armé de valor, nos iba bien, yo trabajaba como modista en el centro, mientras Javier estaba en clase, había acabado la universidad con muy buenas notas, mi marido trabajaba duramente, y entre los dos traíamos un buen sueldo a casa, un bebé no nos haría bajar demasiado la calidad de vida, es cierto que tendría que pasarme algunos meses de baja, pero después volvería al trabajo, mi jefa era una mujer comprensiva y amable, además, algunas cosas podía confeccionarlas en casa, y los diseños más de lo mismo.
-Vamos a volver a ser padres.- Le dije muy deprisa, casi quedándome sin aliento.
Carlos abrió mucho los ojos, sorprendido, incrédulo.
Le acaricié la mejilla con delicadeza.
-Por favor, no te quedes así.- Le pedí con una media sonrisa.
-¿Así que eso era lo que te pasaba?- Dijo divertido mientras se le formaba una sonrisa.- Mira que eres tonta, ¿qué creías que iba a pasar?, ¿que me marcharía?, ¿que me desmayaría?, ¿que me iría a llorar a un rincón?
Lo miro entrecerrando los ojos antes de pegarle un cojinazo.
Carlos comenzó a reír y me empezó a hacer cosquillas.
-¡Basta!- exclamé entre risas.- ¡Para ya!
Pero mi marido no dejaba de hacerme cosquillas.
La voz de Javier nos hizo separarnos.
Javier se subió a la cama deprisa y me abrazó.
Le tomé la temperatura, parecía mucho mejor, ya era hora de que los medicamentos surtieran efecto.
Carlos lo elevó en el aire, cosa que provocó que nuestro pequeño riese como si no hubiera un mañana.
-Tenemos una sorpresa.- Le dijo Carlos acercándolo a él.
Javier nos miró con curiosidad e impaciencia.
-Vas a tener un hermanito.- Le dije y le acaricié la mejilla.
Javier miró hacia todas partes desconcertado, como si imaginase que un niño apareciese por la puerta diciendo que eran hermanos o algo así.
Sonreí y lo hice mirarme.
-Está aquí.- Le dije poniendo su pequeña manita sobre mi barriga.
Javier me miró con una media sonrisa, creyendo que lo estaba engañando.
-Dentro de unos meses nacerá, pero ahora está en la barriguita de mamá.- Le explicó Carlos.
Javier, al ver que íbamos en serio sonrío y pegó la cabeza a mi barriga.
-No se escucha nada.- Dijo decepcionado.
-Porque aún es muy pequeño.- Le dije.- Tiene que crecer un poco más para poder salir, además, será un bebé muy chiquitito, no podrás jugar con él hasta que no sea un poco más mayor.
Javier pareció decepcionado, por un momento.
-Tendrás que cuidar del bebé.- Le dijo Carlos.- ¿Nos ayudarás con el bebé?
Javier volvió a pegar la cabeza a mi barriga y sonrió.
-Lo voy a proteger.- Dijo y me besó la barriga.
Ese gesto me enterneció, teníamos al mejor niño del mundo, cualquier otro en su lugar habría sentido celos de una persona que fuera a robarle atención de sus padres o juguetes, pero ese no era el caso de Javi.

Llegué a la tienda con la hora justa, y es que había dejado a Javi en casa de Isa para que lo llevase ella a la escuela, y mi pequeño no quería separarse de mí, pero ya estaba mejor, y yo no podía permitirme faltar más al trabajo.
-Buenos días Anna.- La saludé con una sonrisa tras entrar en el estudio.
Mi jefa era una mujer de unos cuantos años más que yo, con eso quiero decir que tenía bastantes canas.
-Buenos días, Clara.- Me devolvió el saludo mientras levantó la cabeza levemente de un vestido que estaba acabando de confeccionar.- En una hora vendrá Helena a probarse su vestido.- Me informó con una sonrisa.
Asentí con la cabeza mientras iba dejando mi bolso sobre mi escritorio.
Me senté y saqué un vestido naranja, el que Helena vendría a probarse, y comencé a coser una de las mangas, era lo único que me quedaba antes de que la clienta llegase.
El tiempo transcurrió hasta que solo faltaban veinte minutos para que acabase mi turno, entonces la puerta del estudio se abrió, haciendo sonar una campana que teníamos colocada sobre la puerta y llamando mi atención.
Al verla se de sobra que fruncí el ceño, ¿qué hacía ella en el estudio en el que yo trabajaba?
-Buenas tardes.- Saludó cortesmente, como solía hacer para parecer una persona diferente a la que era en realidad.
Anna saludó y miró por encima de la máquina de coser.
-¿Te importaría atenderla tú?- me preguntó, y no pude negarme, aunque el solo hecho de estar en la misma habitación que ella me revolviese por dentro.
Me acerqué a Silvia, la que me miró con una media sonrisa que yo sabía de sobra que no era amable.
-¿En qué puedo ayudarte?- pregunté poniendo mi mejor cara, lo que me costó más de lo que pensaba.
-Me gustaría un vestido que marcara mi figura, ya que, como habrás visto, a pesar de haber tenido un hijo es perfecta.
Sonreí sintiendo un sabor a bilis en la boca.
Le seguí el juego a Silvia siendo lo más formal y cortés que pude, lo que llamó la atención de Anna, y es que a pesar de intentarlo, se notaba a la legua que me incomodaba atender a esa bruja.
Mientras le tomaba las medidas, Silvia me observaba con especial atención, recorriéndome con la mirada de arriba abajo, ¿qué quería esa bruja?
-Tengo entendido que tienes un hijo.- Me dijo pillándome por sorpresa.
Asentí y ella sonrió con condescendencia.
-Yo también, pero eso ya lo sabes, lo viste.- Continuó hablando sin que nadie le hubiera dado pie para hacerlo.- Se que nos viste, tiene tres años, si te lo estás preguntando, es el niño más guapo del mundo, sobre todo porque se parece a su padre.
Sonreí sintiendo un nudo en el estómago, ¿podrían ser ciertas mis sospechas?
-Se llama Álvaro.- Me dijo de nuevo sin que le preguntase.
Contuve las ganas de abofetearla o estrangularla.
En cuanto salió por la puerta me llevé las manos a la cara, cubriéndola, ¿podía ser más bruja?
-¿Te encuentras bien?- me preguntó Anna amablemente.
-No te preocupes.- Traté de tranquilizarla.
-La conocías, ¿me equivoco?- Anna hizo una pausa en la que suspiró.- Si lo necesitas yo me ocuparé de ella la próxima vez que nos visite.
Asentí agradecida, Anna no era consciente del enorme favor que me estaba haciendo.
Llegué a casa y me senté en el sofá, a sabiendas de que debería haberme puesto a preparar el almuerzo, pero la situación que estaba viviendo requería de un minuto de relajación.
Llamaron a la puerta, me levanté deprisa y corrí a abrir, aunque en realidad fui bastante despacio a lo que acostumbraba.
Abrí y sonreí, Isa me había traído a Javier a casa, el que venía de la mano de Sara.
-Cariño, es hora de despedirse.- Le dijo Isa a Sara, a lo que la princesa puso un puchero.- Por cierto, Javier lleva todo el camino diciendo que va a tener un hermanito.- Me dijo Isa elevando una ceja de forma pícara.
Me sonrojé sin pretenderlo.
-¡Vas a tener un bebé!- Exclamó mientras nuestros hijos se colaban en la casa sigilosamente.- ¿Cuándo pensabas decirlo?
-Me enteré antes de ayer, y necesitaba tiempo para asimilarlo.
Isa sonrió comprensiva, ella me entendía perfectamente, al momento me abrazó y besó la mejilla.
-Nos vemos luego.- Me dijo y entonces se percató de que nuestros hijos llevaban un buen rato en el salón.- ¡Sara!, nos vamos a casa.
-Me quedo aquí.- Le respondió.
Isa bajo las cejas, entró en mi casa y cogió a su hija en brazos.
-Lleváis horas juntos, mañana os veréis de nuevo, es hora de comer y descansar.- Le dijo, pero eso no pareció convencer a Sara.
-Déjala aquí si quieres.- Le dije.
-¿Estás segura?- preguntó Isa mientras Sara y Javi sonreían gritando que sí.
-Sí, no te preocupes, así Javier no estará entrando y saliendo de la cocina mientras preparo la comida.
Isa soltó una carcajada y se agachó con su hija para leerle la cartilla.
-Vendré a por ella en un par de horas.- Me dijo y nos despedimos.
Preparé la comida mientras vigilaba a los dos cafres, porque podían maquinar cualquier plan juntos.
Carlos no tardó en llegar del trabajo, y abrazó a Javi, uniéndose Sara al abrazo también.
Mi marido me besó y puso la mesa, y al rato comimos los cuatro, tendríamos que acostumbrarnos a tener dos bichos en la casa, porque pronto lo seríamos todos los días, y los niños crecen rápido.
Blas llegó al cabo de una hora y media para recoger a Sara y se marcharon juntos después de darlenos la enhorabuena por el nuevo bebé, porque era imposible tener un secreto en este grupo.
Decidimos comunicar nosotros mismos a los demás que seríamos uno más de lo esperado, aunque seguramente ya estaban enterados.
Javi calló rendido, y mientras se echaba la siesta, Carlos se sentó a mi lado y me besó.
-Te ocurre algo, lo se.- Me dijo y me acarició la mejilla.- ¿Me vas a contar lo que te pasa o te lo saco a la fuerza?
Lo miré elevando una ceja, divertida.
-¿Tú?, ¿cómo crees que me podrías hacer hablar?-le pregunté antes de soltar una carcajada burlona.
-Tengo mis métodos.- Me dijo y sonrió de lado.
Volví a reír y mi marido comenzó a hacerme cosquillas.
-¡Hablaré!- exclamé haciendo que me soltara.- Pero no por el ataque tan patético, lo haré porque quiero.
Carlos soltó una carcajada.
-Verás, necesito que me prometas que no hablarás de ello, al menos de momento.- Carlos asintió.- He visto a Silvia varias veces.
-¿Qué te ha dicho esa bruja?- preguntó frunciendo el ceño.
-Algo que podría destrozar una familia.- Hice una pausa en la que suspiré.- Tiene un hijo, uno de tres años, uno que es idéntico a Álvaro, y además se llama como él.
Carlos palideció, algo comprensible.
-Me ha dicho varias cosas que dan a entender que es hijo de nuestro amigo.- Dije sintiendo un enorme nudo en el estómago de nuevo.- Temo que sea cierto, las fechas encajan.
Carlos me miró, parecía a punto de vomitar.
-No puede ser, no me creo que sea cierto, debe ser una estratagema, puede que el niño si sea hijo suyo.
-No lo se.- Dije sincera.
-Tenemos que hablar con Álvaro y Ainhoa.
-¿Y si eso es lo que quiere?, ¿y si es mentira pero quiere hacernos creer que realmente es su hijo?
-¿Y qué hacemos?- preguntó Carlos preocupado.
-Por ahora solo podemos esperar, si se ha acercado a mí, hará lo mismo con todos vosotros.
-Me niego a ocultarle esto a Álvaro.
-Pues hablemos con él, pero tenemos que ser discretos.
Carlos me abrazó y besó la frente.
-Menuda situación si es cierta.
-Esperemos que no lo sea.- Hice una pausa y le acaricié la mejilla a Carlos.- Pero de seguro va a provocar una enorme duda.
-Tenemos que apoyar a nuestros amigos, ahora más que nunca.- Dijo y me besó de nuevo.
Ojalá nunca hubiésemos conocido a esa bruja, pero ya no podemos regresar al pasado, solo afrontar lo que se nos viene encima, juntos.



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