*Ainhoa*
A un par de días de que se cumplieran mis nueve meses de embarazo, me encontraba medio tumbada en el sofá de casa leyendo un libro cuando el teléfono sonó, me levanté pesadamente, casi no podía conmigo misma, no es que tuviera una tripa exagerada, pero sí que era grande y ya pesaba el bebé dentro de mí.
-¿Diga?-descolgué con una mano puesta a la altura de mis riñones.
-Hola hermanita-la voz alegre de mi hermana me hizo sonreír-, ¿cómo estás?
-Hola, enana-me senté en el brazo del sofá-.La verdad es que muy pesada, tu sobrino ya pesa bastante.
-Eso quiere decir que es un niño grande-rió-.¿Aún no notas nada raro?
-No, estoy tranquila y él también-me acaricié la tripa.
-Bueno, pero puedes estar tranquila y dentro de un rato necesitar correr hacia el hospital-dijo.
-Ale, dime que Álvaro no te ha pegado su histeria-supliqué.
-Lo siento, pero lo he estado pensando y tiene razón, no debes quedarte sola estando a dos días de que se cumplan los nueve meses-explicó.
-Se cumplen los nueve meses, pero eso no significa nada, puede que el bebé nazca hoy, mañana, pasado o después, eso no lo sabemos y no podéis estar todo el día encima de mí, tenéis cosas que hacer-resoplé-.No tengo ganas de discutir, me cansa el doble.
-Bueno, entonces no te hago pelear-suspiró-.Si estás bien, me quedo un poco más tranquila, pero no mucho. Te dejo para que sigas descansando, luego hablamos.
-Un besito-me levanté despacio.
-Otro para ti-colgamos.
Al ir hacia el sofá, escuché la puerta, Álvaro acababa de llegar.
-Hola, amor-le sonreí.
-¿Qué haces de pie?-abrió los ojos más de la cuenta y soltó rápidamente todo lo que tenía en las manos.
-Ha llamado mi hermana y he respondido al teléfono-expliqué quitándole importancia.
-Vuelve a sentarte, por favor-pidió.
Rodé los ojos e hice lo que me pidió, Álvaro se sentó a mi lado y puse una mueca.
-¿Qué, qué pasa?-volvió a levantarse.
-Nada, el bebé se ha movido-le tendí mi mano y tiré de él para que volviera a sentarse a mi lado-.¿Qué tal el día? Ni siquiera me has dado un beso.
-Lo siento-me besó cortamente haciendo que le entrecerrara los ojos-.Cansado, ¿qué tal el tuyo?
-Aburrido, casi me he terminado el libro que empecé ayer-lo señalé en la mesa.
-Bueno, cuando nazca el bebé ya no tendrás tiempo de aburrirte-me dio un beso en la tripa y se levantó.
-Cielo, ayúdame a levantarme, por favor-le extendí mis brazos.
-¿Para qué?-me frunció el ceño.
-Siento un pinchazo y creo que es de estar tanto tiempo sentada-expliqué, aunque sabía que no solo era eso.
Me ayudó despacio y me levanté, pero no pude erguirme del todo cuando un dolor agudo me apretó.
-¿Ainhoa?
-Álvaro-susurré con los ojos apretados, dolía mucho-, creo-jadeé por el dolor-, creo que tu hijo ya quiere que deje de aburrirme.
-¿Cómo?-los ojos casi se le salieron de las órbitas.
-Ya viene el bebé.
Se puso pálido y abrió y cerró la boca un montón de veces antes de salir corriendo en dirección a nuestra habitación, salió con un bolso colgado del hombro, cogió las llaves de casa, del coche y su cartera y salió de casa, al poco rato volvió a subir y me ayudó a salir y bajamos en el ascensor, me montó en el coche despacio, me puso el cinturón como pudo y con cuidado de que no me apretara mucho, se subió él por su lado, se abrochó el cinturón y arrancó mientras marcaba un número y esperaba por el manos libres a que contestaran.
-Dime Álvaro-la voz de Blas inundó el coche.
-Blas, hospital, bebé-miré a Álvaro que seguía pálido a pesar de haber hecho todo correctamente y no haberse puesto histérico conmigo.
-¿Qué?-el pobre casi ni se enteró.
-Hola, Blas-acaricié la mano de mi chico y le hablé yo a su amigo-, vamos para el hospital, creo que estoy de parto.
-Aviso a Isa y salimos rápidamente-escuché como le gritaba algo a su mujer.
-Vale, pero avisa también a los demás, Álvaro no puede hablar casi.
-Sí, claro, ya salimos-colgamos.
Llegamos al hospital en cinco minutos más, yo rompí fuentes en el coche, así que Álvaro empalideció un poco más si eso era posible, sacó el bolso del maletero, me ayudó a salir con cuidado y entramos al hospital, dejó el coche casi de cualquier manera, así que una multa mínimo le iba a caer, pero creo que eso era lo que menos le importaba en aquel momento.
Me sentó en una silla que vio y habló con la recepcionista. Un nuevo pinchazo hizo que me encogiera sobre mí misma, aquello comenzaba a ser insoportable y pensé que no aguantaría mucho más.
-Álvaro-le llamé.
-Por favor, señora, llame a alguien rápido, mi mujer está de parto-estalló su autocontrol y comenzó a pegar voces a diestro y siniestro.
-Haberlo avisado antes-se levantó rápidamente y llamó a un enfermero de guardia que me sentó en una silla de ruedas.
-Es lo que he intentado, pero no me ha hecho ni caso-la fulminó con la mirada.
Volví a encogerme del dolor y Álvaro se puso a mi lado dando zancadas hasta que me metieron en una consulta de urgencias.
Tardaron media hora en meterme en la sala de partos, pero por fin, después de tres horas, mi hijo nació sano y con pulmones de acero.
Eran cerca de las siete cuando los chicos comenzaron a entrar y Álvaro se levantó del sillón en el que estaba sentado.
-Hola-susurraron todos.
-¡Tita!-gritó Sara.
-Sh, aquí no se puede gritar-la riñó su papi.
-¿Pimo?-ladeó la cabeza señalando mi barriga.
-Está en la cunita, ve a verlo-ella sonrió feliz y le ordenó a su padre que la acercara a ver a su primito.
-¿Cómo estás?-mi hermana me dio un beso en la frente.
-Feliz-le sonreí.
-Tu bebé es precioso-me devolvió el gesto.
-Lo sé-le di la mano a Álvaro y el me dio un leve apretón.
-¿Cómo le vas a poner al final?-Raquel me miró curiosa.
-Chicos tapaos los oídos-dije divertida.
-Pablo-respondió Álvaro por mí.
-Menudo calzonazos, al final se ha salido con la suya y le ha puesto el nombre del cantante-se burló Dani.
-Tú no te rías porque el nombre de tu hijo también puede venir por alguien-le fulminó con la mirada.
-Para que lo sepas, rubiales, Pablo se llama mi padre-todos soltaron una carcajada y Dani se quedó sin argumentos.
-Te la han dado untada, cielito-se burló Lau.
El rubio puso un puchero y se cruzó de brazos, pero luego comenzó a reír con nosotros.
-¿Tú cómo estás, Lau?-le preguntó Jesús.
-Bien-le sonrió.
-Mi hermana también estaba bien este mediodía cuando la he llamado y mírala-me fulminó con la mirada y yo le saqué la lengua.
-Aún estoy de ocho meses, ayer fui a la consulta del médico y me dijo que todo estaba bien-explicó-.Lo único más brusco que siento son las patadas que me da.
-Mi hijo será futbolista-dijo Dani con orgullo y el pecho inflado.
-Mientras no sea como tú nos vale-se burló Carlos.
Un carraspeo hizo que todos miráramos hacia la puerta y nos encontráramos con una enfermera con los brazos como jarras y expresión divertida.
-Sé que sois una familia numerosa, pero es la tercera vez en tres partos distintos que tengo que venir a llamaros la atención, por favor, guardad silencio e id saliendo porque se está acabando la hora de visita-nos avisó.
-Gracias-dijimos casi al unísono.
La enfermera asintió con una pequeña sonrisa y salió entornándonos la puerta.
-Es increíble que siempre sea la misma enfermera-rió Laura.
-¿Te imaginas que para el tuyo también tenga que venir?-rió Clara.
Todos comenzamos a reír y poco a poco fueron yéndose para que no tuvieran que volver a llamarnos la atención.
Álvaro se pasó toda la noche pendiente al bebé, si se movía, lloraba o simplemente se quejaba, sería un gran padre, estaba segura de ello.
Holaa!!! Oins que bonitoo, un nuevo bebé en la familia!! Me encanta el nuevo capitulo y el nombre de Pablo, jejeje. Disculpad la tardanza en comentar, pero he estado un poco liada. Ahora os comento el siguiente!
ResponderEliminarHolaa!! Muchísimas gracias, nos alegra que te haya gustado y no pasa nada, siempre mejor tarde que nunca. Un besito
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